La exestrella del béisbol estadounidense Calvin Ripken cuenta que, buscando consejos sobre la crianza de los hijos, la recomendación más sabía que alguna vez recibió no se la dieron los acostumbrados expertos en desarrollo infantil, sino un excompañero de los Orioles de Baltimore llamado Tim Hulett. Ripken afirma que Hulett es digno de ser escuchado ya que lo considera “el mejor padre que ha conocido”.
En una conversación, que aún permanece grabada en su memoria, Ripken recuerda la observación que le hizo Hulett: “Tus pequeñuelos son como un casete en blanco, constantemente prendido y grabando información. ¿Qué información quieres que haya en ese casete? ¿La tuya o la de otra persona?”.
A lo que Ripken contestó sin la menor sombra de duda: “Quiero mi información en ese casete”.
Como bien afirma Hulett, los hijos siempre están absorbiendo información, reteniendo todo lo que ven y escuchan en casa. En ese sentido, los padres tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de ser la principal fuente de enseñanza y valores en sus vidas. Sin embargo, más allá de las palabras, los niños aprenden a través de las acciones de sus padres, sea para bien o sea para mal.
Lo que ven en sus progenitores moldeará su carácter y sus decisiones futuras. Por eso, toda persona que tiene hijos debe ser intencional en la crianza de ellos, por un lado, reconociendo que cada momento compartido es una oportunidad para sembrar buenos principios en el corazón de su prole; y, por el otro, cuidando su conducta, ya que los hijos serán el espejo de su persona.
De lo anterior se concluye que la paternidad no se trata solo de proveer, sino de estar presente, creando memorias y guiando a los hijos. Si los padres no ocupan ese rol, alguien más lo hará, y puede que no sea para bien. Hoy en día, nuestros hijos están expuestos a muchas influencias negativas que pueden afectar su desarrollo y la formación de sus valores. La clave está en contrarrestar esas influencias con amor, comunicación y presencia activa en la vida de ellos.