El ejemplo del primo Lito

Mi primo Roberto Martínez Arias, fallecido hace diez días, fue un personaje ejemplar por su tenaz lucha de superación.

  • Actualizado: 17 de febrero de 2025 a las 00:00 -

Mi primo Roberto Martínez Arias, fallecido hace diez días, fue un personaje ejemplar por su tenaz lucha de superación

Lito, como era conocido en los círculos familiares, siendo jovencito trabajaba como mecánico del Ferrocarril Nacional mientras estudiaba por la noche. Con el tiempo se convirtió en un ejecutivo exitoso que rescató a un banco de la quiebra, fue rector de la Universidad Privada de San Pedro Sula, director del Consejo Administrativo de Finsol y miembro de instituciones emblemáticas como el Club Rotario, del cual fue presidente.

Parte de su infancia pasó Lito trabajando en Canfilio, una molienda de su padre enclavada en una montaña de Villanueva, Cortés, de donde el cipote solía bajar, por temporadas, al poblado para asistir a la Escuela Manuel Bonilla. Cuando por fin terminó la educación primaria emprendió el viaje hacia Puerto Cortés, en donde vivía la tía Carmen.

Dejó atrás el olor a cachaza y el trepidar del trapiche, sin la venia de su padre, para buscar las oportunidades de trabajo y estudio que le indicaba su espíritu visionario. Acostumbrado al trabajo rudo, no vio razones para despreciar el oficio de mantener bien lubricado el sistema de rodaje de las locomotoras y sus vagones, como también, con suficiente agua las calderas a vapor.

Por su buen desempeño sus jefes no vacilaron en concederle el traslado a San Pedro Sula que solicitó para continuar sus estudios al terminar el plan básico en el colegio porteño. En San Pedro Sula conoció a Magda Rodríguez, una joven ejecutiva del Banco Atlántida quien, con el tiempo, se convertiría en su esposa.

Ya eran novios cuando, cierta vez, ella pasó por el “run house” en donde él trabajaba, y le pidió que la acompañara a su casa localizada cerca de ese taller ferroviario. Lito quiso rehusar la invitación aduciendo que su ropa estaba grasienta en contraste con el elegante vestido que ella lucía. Sin embargo, Magda lo hizo recapacitar con una frase contundente: “no es con su vestimenta que quiero salir, sino con su persona”.

Llegó el momento en el que Lito debía dejar el sucio overol por la vestimenta nítida de oficinista pues ya le habían entregado el título de Perito Mercantil en el instituto nocturno Dionisio de Herrera. Fue Magda quien lo ayudó, con sus contactos, a colocarse como ayudante de contador en el Banco del Ahorro Hondureño en donde rápidamente ascendió a Contador General.

Una vez probada su sobrada capacidad fue designado por la corporación bancaria para liquidar a la institución hermana La Vivienda de Sula que estaba operando en números rojos.

Al ver Lito, en los libros contables, que la institución se podía rescatar, lo hizo saber a sus superiores quienes le dieron un plazo perentorio para que la levantara. Antes del año la institución estaba recuperada con Roberto Martínez Arias como gerente general. Por tal hazaña la Universidad Estatal de Luisiana, Estados Unidos le dio la oportunidad de estudiar una maestría en finanzas no obstante que no tenía la licenciatura.

Aunque ya era un ejecutivo consagrado decidió, en su adultez, sacar una licenciatura en la Universidad Privada de San Pedro Sula, sin imaginar que con los años se convertiría en su rector. “No me gustaba que me dijeran licenciado sin serlo”, me comentó después de obtener su licenciatura en Finanzas.

Como Roberto Martínez Arias hay más hondureños demostrativos de que en este país el sol de las oportunidades sale para quienes las buscan y les sacan provecho con tesón. Así es como hacen realidad sus sueños y dejan una enseñanza a las nuevas generaciones.

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