Uno de los grandes problemas que enfrentan países en vías de desarrollo como Honduras, es la pobreza.
Por ello, los economistas están usando una paleta de colores para identificar cada una de las alternativas que los gobiernos pueden escoger con el fin de mitigar este freno del desarrollo.
Un tipo de economía bastante difundido es la Economía Verde que apuesta a desarrollar proyectos amigables con el medio ambiente, y a luchar contra el cambio climático.
Es decir, se debe apuntar a todo lo que es no botar basura en la calle o incentivar la cultura del reciclaje, entre otras claves ambientalistas.
Dentro del espectro de colores pintado por los expertos internacionales está el rojo, que hace referencia al consumismo como obstáculo para el crecimiento económico.
Este comportamiento social aumenta la crisis pues lleva a las personas a consumir en exceso sin meditar en las consecuencias. Mientras tanto, la Economía Azul está centrada en iniciativas que reconocen la importancia de los mares y océanos, como impulsores de la economía por su gran potencial de recursos.
Una propuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para reducir la pobreza es la Economía Naranja, un modelo de desarrollo que busca fomentar la creatividad y la diversidad cultural.
El término se originó a partir del informe “Economía Naranja: una oportunidad infinita”, presentado por el BID y la Corporación Interamericana de Inversiones. Este patrón económico engloba el recurso intelectual, por lo tanto su terreno es el de la creación de ideas y conocimiento tecnológico para crear riqueza.
Las estrategias de la Economía Negra, no son tan tenebrosas como pareciera. Están relacionadas con el perjuicio que causan a las naciones, actividades ilícitas como el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado.
Su media hermana es la Economía Gris que hace referencia a todas las actividades que son legales, pero están ocultas, parcialmente, ante los ojos del Estado para evitar el pago de impuestos y la rendición de cuentas.
En esta acuarela de opciones existe, además, la Economía Plateada, vinculada al cambio demográfico debido al envejecimiento de la población. Su enfoque se centra en satisfacer las necesidades y demandas de los adultos mayores. Si bien, estas y otras economías de colores son beneficiosas, es esencial priorizar aquellas que atiendan a los requerimientos más urgentes de cada país. Es importante que los políticos aprendan sobre la economía de colores porque permite identificar las necesidades particulares de cada sociedad para que sepan adecuar el modelo financiero que más convenga.
Sin embargo, escoger alguna de las economías de colores no significa ignorar los elementos positivos de las otras.