Crisis y oportunidades

Estamos en un momento de quiebre en América Latina, en el que vemos cómo cambia el escenario político en la medida en la que avanzan las decisiones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump

  • Actualizado: 02 de febrero de 2025 a las 00:00 -

Estamos en un momento de quiebre en América Latina, en el que vemos cómo cambia el escenario político en la medida en la que avanzan las decisiones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Lo sabíamos, no podemos decir que no estábamos avisados, porque sus decisiones hacia la región fueron temas de campaña que, probablemente por la experiencia con nuestros propios políticos, pensábamos que no se convertirían en realidad.

Pero Trump no es un político cualquiera, sino un hombre pragmático que está canalizando todo el conocimiento que adquirió en su primer mandato, para acelerar los cambios que ahora nos mantienen muy ocupados, nos guste o no.

Contrario a su aparente desdén hacia la región latinoamericana, las acciones de política exterior de Trump nos hacen ver que el peso de la relación con los vecinos del sur es muy importante, especialmente en un mundo marcado por la geopolítica.

Muestra de ello en que la primera gira del actual secretario de Estado, Marco Rubio, es hacia Centroamérica, con la exclusión notoria de Honduras y Nicaragua.

De sobra debe conocer la administración Trump que el riesgo de reducir su presencia en la región es otorgar espacios para una mayor actividad de China. De allí que, aún con las reservas de la calidad de la relación con cada país y el endurecimiento del discurso, es de prever que para Estados Unidos siempre será importante Latinoamérica.

La fuerte presencia de Trump en la arena internacional ha puesto de relieve viejos temas para esta región, como la urgente necesidad de enfocarse en las funciones básicas del Estado que, a riesgo de ser simplista, pueden resumirse en: garantizar la seguridad a su población, justicia en igualdad de condiciones para todos, asegurar los recursos para el bienestar común, garantizar los derechos humanos, promover actividades económicas y el empleo.

Además, en materia de integración, lo que actualmente vive la región ha vuelto a colocar en la agenda la necesidad de avanzar, más allá de la retórica, en la diversificación de las relaciones comerciales y fortalecer las instancias de diálogo político regional.

El mundo actual nos presenta un escenario de policrisis, es decir, con varias crisis simultáneas. Podemos paralizarnos o decidir actuar. Albert Einstein decía: “Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de eso, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”.

No podemos soslayar la relevancia de la relación con los Estados Unidos. Actuar como si no lo fuera es un gran error. Confundir la actuación arrogante con la dignidad lo es también, especialmente cuando hay tanto que perder.

La situación por la que atravesamos, que tiene impactos tanto en lo económico y comercial, como en lo humanitario, no solo depende de quien ahora toma las decisiones más drásticas allá, sino de quienes en esta parte del hemisferio, durante décadas, han descuidado las funciones básicas del Estado.

En el caso hondureño, este escenario se desarrolla en un momento clave para la política doméstica. Lo ideal sería conocer, desde ya, cuáles son las propuestas de los precandidatos para hacer frente a un panorama ciertamente complejo y retador. Tenemos mucho que aprender, superar y hacer. Sepamos observar con debido cuidado, para tomar decisiones en las próximas elecciones.

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