Afortunados

Josef Mengele hizo malabares para poder escapar del ojo de la policía norteamericana, la alemana y la israelí que nunca cesaron de buscarlo

  • Actualizado: 09 de febrero de 2025 a las 00:00 -

Acaba de cumplirse el aniversario de la muerte de un tristemente célebre criminal de guerra nazi.

El Ángel de la Muerte era apodado y aunque no estuviéramos muy enterados de los detalles, es muy sencillo imaginarse el porqué de tan espantoso sobrenombre.

Lo que es difícil entender es cómo pudo escapar de la justicia, huir hacia Argentina, e instalarse en el país sudamericano.

Porque no se dedicó a vivir escondido sino al contrario, logró convertirse en un acaudalado empresario, seguir practicando la medicina (con un nombre falso) y codearse con la crema y nata de la política (se dice que era protegido del mismísimo presidente en funciones en ese momento) y tal vez por esas mismas causas, su identidad fue descubierta, por lo que se vio en la necesidad de darse nuevamente a la fuga, esta vez a Paraguay donde también encontró un aliado en el jefe de gobierno de ese país. 7

Pero la persecución continuaba y tuvo que salir corriendo de nuevo, ahora a Brasil. Ahí, Josef Mengele hizo malabares para poder escapar del ojo de la policía norteamericana, la alemana y la israelí que nunca cesaron de buscarlo, sin resultados, cabe aclarar.

En febrero de 1979 murió ahogado en una playa brasileña, sin haber rendido cuentas por sus atrocidades.

Por otro lado, y refiriéndonos a gente que no pagó por sus terribles acciones podemos traer a escena a Anatoly Dyatlov quien era el ingeniero jefe adjunto en la central nuclear de Chernóbil y uno de los principales responsables según se pudo probar en un juicio llevado a cabo poco tiempo después, de otros de los desastres más terribles en la historia de la humanidad.

El nombre de esa infortunada ciudad ucraniana es uno que hemos escuchado desde siempre, tal vez por éramos pequeños no sabíamos bien de qué trataba y sin embargo lo asociábamos con algo funesto y oscuro, tal cual es. Y a pesar de por todo lo sucedido ahí, la condena de esta persona consistió en diez años de trabajos forzosos, de los cuales solo cumplió cuatro.

Y bueno, podríamos concluir que estos y otros tantos personajes que actuaron impunemente contra la vida de otros, fueron muy afortunados de no vivir en la época medieval por ejemplo, donde era más complicado escabullirse y tomando en cuenta las formas tan horrendas de castigos acostumbradas en ese entonces. Más que castigos, aquello trataba de verdaderos suplicios, cabe decir.

Aunque si recordamos que tales penitencias eran impuestas por casi cualquier “fallo” y sin la necesidad de tanta evidencia, entonces todos los que vivimos en esta época somos bastante afortunados. También cabe decirlo.

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