La soberanía de cualquier nación incluye la capacidad de poder producir suficientes alimentos para poder abastecer a sus habitantes y, adicionalmente, exportar los excedentes a los mercados internacionales. Nuestro país cada vez disminuye la producción de granos básicos, por diversos factores, importando cada vez mayores cantidades, tanto de países vecinos como distantes, para no llegar al extremo de hambrunas colectivas.
Veamos: maíz: se requieren para este año de 23 millones de quintales, empero la producción estimada apenas llegara a 7 millones. Arroz: la demanda para este 2.025 es de 4 y medio millones de quintales, se cosecharán solamente de 750.000 a 800.000 quintales. Frijol: Se requieren 2.1 millones de quintales, únicamente se dispondrá de 1.2 millones de quintales.
Entrevistas realizadas a productores grandes y pequeños revela algunas de las causales inherentes a este déficit, entre ellas el creciente precio de los fertilizantes adquiridos en el exterior, la escasez de mano de obra para la siembra y recolección que migra al extranjero en búsqueda de oportunidades laborales mejor remuneradas, la especulación en los precios de insumos por parte de importadores, el cambio climático con extremos que fluctúan entre intensas e insuficientes lluvias.
Adicionalmente, también en el análisis debe incluirse, en el caso del arroz y maíz, el hecho de la asimetría existente entre nuestra producción y la de los Estados Unidos, en donde se subsidia a sus agroindustrias, las que venden tales granos a precios por debajo de los que pueden ofrecer nuestros agricultores, una vez deducidos los gastos.
Ello requiere de la necesidad de replantear al nuevo gobierno de la Unión Americana la necesidad de renegociar el Tratado de Libre Comercio vigente. Muchos pequeños empresarios del arroz hondureño han cerrado operaciones ante la imposibilidad de poder competir con la producción agrícola altamente mecanizada del país norteamericano. Entre más debe importarse, pagando con moneda fuerte, más divisas se van de Honduras. Los incendios forestales que erosionan los suelos y reducen el nivel de precipitaciones, las plagas de insectos, la insuficiente utilización de abonos orgánicos, se suman a los factores que cada vez más reducen nuestra capacidad de autoabastecernos en lo que respecta a nuestra dieta alimentaria, misma que debe ser diversificada para que incluya más cantidad de verduras, frutas, pescado, mariscos para de esa manera fortalecer la nutrición de nuestros compatriotas.
Y aquellas regiones hoy semiáridas y deforestadas deben ser rehabilitadas antes que se transformen de manera irreversible en paramos desérticos, tal como ya es visible en la región sureña.