El estar investido de fe, espiritualidad, sensibilidad, idealismo, dignidad, humanidad, misericordia, generosidad y solidaridad, son cualidades del carácter y personalidad de cada persona, que en mayores o menores proporciones poseemos, sin que nadie esta totalmente exento de ellas, afortunadamente.
Resultan indispensables, hoy más que antes, en estos tiempos de alta incertidumbre y violencia, que nos permitan transitar y guiarnos en la búsqueda incesante por conocernos y entendernos a nosotros mismos, a nuestros semejantes, al país y al mundo en que vivimos, en una mirada simultánea tanto introspectiva como extrospectiva, que nos ilumine y guíe en los meandros existenciales de nuestro vivir y en las relaciones con la sociedad de la cual formamos parte, acumulando suficientes experiencias y sabiduría para saber diferenciar entre el bien y el mal, la moralidad e inmoralidad, lo justo e injusto, lo cierto y lo falso, lo autentico y lo postizo.
A partir de ese autoconocimiento, el saber proyectarnos hacia afuera, integrándonos a la comunidad, habiendo dejado atrás la apatía e indiferencia en que nos hemos refugiado, como medida escapista para no tener que hacer frente a la objetiva realidad que nos agobia.
Al salir de ella -virtual prisión-, aspiramos a participar activamente- con nuestras capacidades, energías, creatividad, voluntad, en la mejora personal y colectiva, con humildad, paciencia, espíritu de servicio, en pos de la paz, armonía, mutuo respeto, fraternidad, bienestar personal y grupal, con igualdad de oportunidades para todos y todos por igual.
Será un recorrido altamente positivo y benéfico para nuestra salud emocional y física, al concluirlo saldremos beneficiados, con renovado optimismo y decisión por proyectarnos mas allá de nosotros.
El llegar a conocernos a nosotros mismos es el primer paso hacia adelante, para poder entender y convivir en el ambiente circundante, en paz y mutuo respeto con nuestros vecinos, en búsqueda de la superación, dignificación y desarrollo individual y grupal.
Es por ello que el paso primero debe ser la introspección interna, antesala de la externa, con periódicas evaluaciones de nuestro comportamiento y relaciones interpersonales, lo que permite alcanzar madurez intelectual y emocional. No olvidemos que somos por naturaleza seres sociales, interactuando a diario con nuestros semejantes, con el debido respeto a las diferencias ideológicas, culturales y políticas. Unidad en la diversidad debe ser nuestra aspiración permanente.
Iniciemos pues a renovarnos en lo interno y externo en una experiencia que será como un volver a empezar. Que el mundo “para todos dividido”, al decir del poeta Sosa, se transforme, aquí y ahora, en un mundo por todas y todos compartido. Así sea.