Este día da inicio el segundo cuatrienio presidencial de Donald Trump al frente de los destinos de su país, habiendo recibido un sólido respaldo electoral y contando con la experiencia acumulada durante su primer período gubernamental, en que debió enfrentar la epidemia del covid-19, la creciente rivalidad militar, comercial, de hegemonía, con China, la amenaza nuclear de Corea del Norte, la crónica inestabilidad en el Medio Oriente, el masivo flujo migratorio procedente del Hemisferio Sur, incluyendo las caravanas de nuestros compatriotas en búsqueda de oportunidades laborales, huyendo de la violencia, pobreza, inseguridad prevalecientes en nuestra patria.
Tal desafío implica ser poseedor de una visión de estadista, simultáneamente enérgico y flexible, que sepa apelar al patriotismo de sus conciudadanos, para iniciar la reconciliación nacional, punto de partida para enfrentar los diversos retos en las relaciones internas y la geopolítica, cada vez más complejas.
El actual régimen que preside los destinos de Honduras debe actuar, en la relación bilateral con Washington, con tacto, prudencia, realismo, a sabiendas que la actual actitud confrontativa perjudica, de múltiples maneras, al millón de connacionales residentes en la Unión Americana, que con remesas puntualmente enviadas, impiden la profundización de la crisis estructural que nos abate y se ahonda.
Un necesario y urgente cambio en el actual enfoque de nuestra diplomacia debe iniciarse con la renovación del tratado de extradición, que de manera unilateral, intempestiva e irreflexiva, fue declarado finalizado por la presidenta Castro.
El continuar con la estrecha coordinación en el combate contra el narcotráfico y crimen organizado, para de manera simultánea frenar y sancionar a las redes corruptas que impunemente saquean fondos públicos provenientes en buena medida de préstamos y donaciones otorgadas por Estados Unidos y otros países amigos, deben incorporarse a la agenda de este gobierno.
Si actúa así, se está enviando claro y oportuno mensaje de rectificación, honorable y necesario, que será tomado en cuenta por el Ejecutivo y Legislativo estadounidense.
Caso contrario, el actual deterioro se irá agravando más, dañando a nuestro pueblo. Tal nuevo giro, respaldado por las fuerzas vivas nacionales, debe ocurrir hoy mismo, sin dilaciones ni subterfugios. Aún no es tarde y traerá consigo flujos de inversión privada estadounidense en diversos renglones, con la creación de empleos, reduciendo al mínimo la migración indocumentada de compatriotas hacia la República norteña. Todo en el contexto de un recíproco beneficio, en lo humano, comercial, cultural entre ambos países.