Constituyen el 28.7% de nuestra adolescencia y juventud, compatriotas en el rango de edad de entre 12 y 30 años, residentes en áreas urbanas y rurales. Se les designa como los y las ninis: 3 de cada 10 jóvenes quedan incluidos bajo este calificativo, para un total de 937,588 del sexo masculino y femenino, constituyendo la mayoría de ninis, evidencia de la brecha de género existente.
La formación y ejemplos recibidos en la etapa formativa previa, la de la niñez, influye en su posterior desarrollo psicológico y emocional, positiva o negativamente.
Factores complejos, tales como la pobreza y marginalidad social, ausencia de suficientes oportunidades laborales, limitado acceso y cobertura del sistema educativo formal, enfermedades, entre otros, explican este desperdicio de nuestro más valioso recurso: el capital humano.
Se sienten excluidos, manipulados y estigmatizados por el sistema sociopolítico, su alienación los conduce a la evasión mediante el consumo de drogas, a la violencia. Unos se aíslan físicamente, otros se afilian en prácticas y culturas grupales (metaleros, emos, barras de fútbol, otakus, comunidades virtuales).
Si ni trabajan ni estudian, ¿a qué se dedican? Unos vegetan, otros ejercen oficios domésticos en el hogar no remunerados, en tanto otros han sido amenazados para integrar bandas delictivas.
Se requieren diagnósticos integrales para explorar soluciones a esta grave problemática social. Entre ellos, debe incluirse el realizado en 2008 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), intitulado “Juventud, desarrollo humano y ciudadanía”, que incluyó una encuesta a nivel nacional. La Unah y el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (Iudpas) presentaron la investigación “Culturas juveniles en los procesos de globalización en Honduras”.
Se requiere de acciones coordinadas por parte del sector público y privado para revertir ese enorme desperdicio de talento, destrezas, habilidades, que impactan en el desarrollo humano, el crecimiento y desarrollo sostenible.
Tal como coinciden expertos en esta temática, sociólogos, trabajadoras sociales, educadores, psicólogos, economistas: invertir en nuestra juventud constituye no solo una necesidad, igualmente una garantía para un futuro próspero para nuestra nación. De no actuar, con un sentido de urgencia, más y más jóvenes quedarán excluidos de los beneficios de la educación y el trabajo productivo, truncando sus vidas para siempre.