La reciente declaración del presidente estadounidense Donald Trump relativa a expulsar a los dos millones de palestinos que viven en la franja de Gaza, ser reubicados en Egipto y Jordania, para quedar en posesión de ese territorio costero, ejerciendo soberanía, reconstruirlo, tras quedar casi completamente destruido resultado de los bombardeos de saturación lanzados por Israel durante más de un año, con saldo de al menos 46,000 muertes, convirtiéndolo en “la Riviera del Medio Oriente”, ha merecido el rechazo de las naciones vecinas, encabezadas por Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos.
Un antecedente previo a tal iniciativa ocurrió con el proyecto de Hitler de remover a los alemanes judíos para trasladarlos a la isla africana de Madagascar, para entonces colonia francesa. En vez de implementarla, se recurrió al exterminio de seis millones de hebreos, eslavos, gitanos, minusválidos, testigos de Jehová.
El monarca saudita declaró el “respaldo firme e indeclinable” , además del “rechazo inequívoco a cualquier violación de los derechos del pueblo palestino”, incluyendo los intentos por desplazarlo. El establecer relaciones diplomáticas con Israel dependerá de la creación de un Estado palestino independiente. Su canciller agregó: “alcanzar una paz duradera y justa es imposible sin que el pueblo palestino obtenga sus legítimos derechos”.
Debe recordarse que las Convenciones de Ginebra, de las que tanto Estados Unidos como Israel son signatarios, prohíben la reubicación forzosa de poblaciones. El ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, miembro de la OTAN, manifestó la oposición de su país a “cualquier desplazamiento forzado y a toda iniciativa que trate de sacar de la ecuación al pueblo de Gaza”.
La geopolítica y las relaciones internacionales están cada vez más sometidas al imperio de la fuerza y no al de la justicia, peligrando cada vez más la estabilidad mundial y la convivencia pacífica ente las distintas naciones, sean estas poderosas y ricas o débiles y pobres.
En Cisjordania prosigue la confiscación de tierras palestinas, la destrucción de infraestructura y la anexión de mas territorios para incorporarlos a la expansión territorial israelita.
Los preparativos para la deportación masiva y forzada de los palestinos en Gaza están cada vez más próximos para provocar otra cuota de tragedia a la que han experimentado desde hace casi año y medio, con un saldo de muertes que ya asciende a cincuenta mil, amen de los mutilados y desaparecidos bajo toneladas de escombros.
Adicionales derramamientos de sangre es lo que se avecina.