Con apego a la Constitución política

Nuestra Carta Magna, en el capitulo II: De los Derechos Individuales, artículos 72 al 75, protege la emisión del pensamiento, rechazando el que, “por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares...” (Art. 74), se trate de amordazarla.

  • Actualizado: 09 de febrero de 2025 a las 00:00 -

Nuestra Carta Magna, en el capitulo II: De los Derechos Individuales, artículos 72 al 75, protege la emisión del pensamiento, rechazando el que, “por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares...” (Art. 74), se trate de amordazarla.

En nuestro país, la práctica del periodismo independiente, desligado de nexos con los gobiernos de turno, ha sido históricamente víctima de represalias de diverso tipo, que incluyen la deportación del país, casos de Salatiel Rosales y Abel García Cálix, el confinamiento en mazmorra: Paulino Valladares, la clausura del medio y la amenaza de deportar a su propietario: La Prensa, el asesinato impune de comunicadores, las presiones para divulgar las fuentes informativas, entre otras modalidades que tienen, como denominador común, el acallar las voces críticas, aquellas que investigan y divulgan actos públicos o privados reñidos con la ley y la moralidad, para conocimiento de la ciudadanía, poseedora del derecho a ser informada con total veracidad y objetividad.

La actitud del General Roosevelt Hernández, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, exigiendo que doce medios de comunicación revelen las fuentes de información, demuestra tanto arrogancia y prepotencia como desconocimiento del Derecho Constitucional hondureño.

Su reacción de “fusil y caza”, ha merecido la condena y repudio a nivel local, regional e internacional, en solidaridad y en respaldo con los dueños, mujeres y hombres, al igual que con las y los profesionales del ejercicio informativo.

Unos y otros agradecen este noble gesto de apoyo por parte de nuestros compatriotas y de las organizaciones defensoras de la libertad de prensa, lo que nos confirma que transitamos por la ruta correcta, en consonancia con nuestra formación profesional y ética, que nos obliga a actuar, en todo momento y circunstancia, con honor, dignidad, responsabilidad.

Si actuáramos de manera contraria, estaríamos claudicando y defraudando a quienes nos leen, ven, escuchan, que nos respetan por esa actitud honesta y consecuente con la verdad.

De igual manera, estaríamos poniendo en peligro inminente a las fuentes, lo que sería traicionar la confianza que nos otorgan. Si sucumbiéramos a las amenazas, nos convertiríamos, ni mas ni menos, en nuevos judas, lo que nos condenaría a la perdida total de la confianza colectiva.

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