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Por el progreso de Honduras

No obstante que el sistema de educación superior de Honduras cuenta con veinte universidades, la Universidad Nacional no solo es la de mayor tamaño, sino la que cuenta con la mayor cantidad de recursos para su desarrollo y la que, debido a sus costos, está dentro de las posibilidades económicas de la mayoría de los hondureños. Por lo anterior, cuando la labor de la Unah se maneja dentro de la normalidad administrativa y académica, el beneficio se extiende al país entero; y, cuando se producen crisis a su interior, todos resultamos afectados, todos resultamos dañados. El daño que se provoca al país cuando, debido a tomas de edificios y de huelgas, las actividades universitarias se detienen, supera el plano material y afecta el progreso del país mismo.

El inicio de clases de este año lectivo se vio empañado por actos de violencia que un grupito de supuestos estudiantes bloqueó, durante un breve período, el bulevar Suyapa, e intentó impedir el acceso a la máxima casa de estudios en su campus principal de Tegucigalpa. Tuvieron que intervenir las fuerzas del orden para desalojar a los manifestantes y hacer valer el derecho de locomoción en la zona y, sobre todo, permitir que el primer día de clases en la Unah no se viera entorpecido por estos enemigos de la academia.

El rector interino de la Universidad Autónoma, el Dr. Herrera, ha extendido su mano a los miembros del Movimiento Estudiantil Universitario, MEU, desde el inicio de su gestión. En todo momento ha mostrado una actitud dialogante y procurado buscar solución a una crisis que el año anterior echó a perder por lo menos un período de estudios en muchas de las carreras que ahí se ofrecen, con el consecuente perjuicio para alumnos y familias enteras. Del lado de los estudiantes parece haber un cambio de actitud; incluso, se han desmarcado públicamente de los hechos vandálicos del pasado lunes en Tegucigalpa y han afirmado que en lo que se encuentran ahora interesados es en definir las reglas del juego para las próximas elecciones estudiantiles. La población entera tiene la esperanza que, tanto con las autoridades actuales como con las que habrá pronto que elegir, el movimiento estudiantil sea capaz de sentarse a la mesa de diálogo y de privilegiar los temas académicos por encima de los políticos, como ha parecido en algunos momentos de esta dilatada crisis.

Los hondureños, todos, debemos estar conscientes que cada día de clase que se pierde en la Unah significa un retraso en nuestro camino por la senda del desarrollo científico y que no estamos en condiciones como para perder el tiempo.