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La cubanización de Venezuela

Los últimos acontecimientos acaecidos en Venezuela: la “elección” de una Asamblea Constituyente, la indiferencia de Maduro y sus secuaces ante los reclamos del pueblo venezolano y la comunidad internacional, la destitución de alcaldes y otros funcionarios públicos legítimamente electos, etc., pueden hacernos pensar que en ese país pasará lo que hace casi sesenta años pasó en Cuba; que un grupo político se hizo del poder, destruyó hasta los cimientos la vida democrática, creó un partido único omnipresente y estableció una dictadura que permanece hasta hoy. Estaríamos, pues, ante una cubanización de Venezuela.

La influencia del país caribeño sobre la potencia petrolera no es nueva. Desde la asunción de Hugo Chávez, la isla se acercó a Venezuela para sacar provecho de la identificación ideológica del militar golpista con el comunismo cubano y así obtener combustibles y créditos al mejor precio posible. Venezuela se vio desde entonces invadida por miles de asesores cubanos en todas las áreas gubernamentales imaginables: educación, salud, defensa, ganadería, etc. Llegó un momento en el que nada se hacía en Venezuela sin la venia de Castro.

Luego vino la creación de la ALBA. Cuando el petróleo estrangulaba la economía mundial, Chávez ofreció a sus vecinos de la región carburantes a crédito, claro, a cambio de apoyo para su régimen. Desde entonces el chavismo-madurismo se ganó la voluntad de los pequeños estados del Caribe que han sido los que, recientemente, han bloqueado en la OEA todo tipo de crítica o condena a la satrapía madurista.

Maduro y sus cómplices están tratando de imponer, como sucedió en Cuba, el juego de los hechos consumados. Piensan que, al final, los venezolanos en la oposición, el ochenta por ciento del pueblo, se cansarán de estar en la calle o se sentirán intimidados por las balas, los gases, la pérdida del puesto de trabajo con el gobierno, la prisión o el martirio. También creen que el éxodo de los inconformes continuará y que el exilio de millones les facilitará el dominio de los que se quedan.

Pero, así como se ven las cosas, están muy equivocados. Para empezar, Venezuela no es una isla, tiene largas fronteras con Colombia y con Brasil. Si se presenta un fenómeno de insurgencia armada las condiciones favorables para ella son evidentes. Además, las lecciones que ha dejado en América Latina la dictadura cubana, aunque no se han aprendido como se debería, facilitan una adecuada lectura de la historia y han permitido que no se cometan los errores mayúsculos que se cometieron en Cuba. La batalla por la libertad de Venezuela continúa. Otra Cuba en la región sería una tragedia inenarrable.