Esa tienda donde nos encanta ir de compras cuando necesitamos algo para la próxima reunión con los amigos o el cumpleaños de la tía Eduviges, nos gusta tanto no solo porque ya conocemos sus secciones y nos movemos con comodidad en ella, no solo por sus precios y porque sus productos parecen hechos a nuestra medida, sino también porque la música de fondo que acostumbran a transmitir nos resulta muy tranquilizadora.
Lo mismo pasa en nuestro supermercado predilecto, nos la pasamos más tiempo del que habíamos calculado solo para escuchar el final de aquella canción que nos remontó en segundos a aquella época donde estábamos tan bien. Y si terminando ésta comienza otra similar, con la misma carga de memoria emocional, probablemente nos llevaremos la bolsita de pan que habíamos pasado de largo. Y el paquetito de galletas, y el helado de vainilla...
Una muy audaz estrategia de marketing sin lugar a duda. Entre más suave y bella la melodía en el lugar en el que nos encontremos comprando, más larga nuestra permanencia y más la platita que dejamos.
La buena música tiene unos efectos relajantes increíbles y ciertamente comprobados. Las estadísticas demuestran que las oficinas de trabajo en las que se acostumbra música suave todo el tiempo experimentan menos ausencias de sus empleados, así como un mejor rendimiento por parte de estos.
Uno se siente muy a gusto con música ambiental. Esto se debe no solo al “escape” del momento sino también a que sus efectos van desde la disminución del ritmo cardíaco, a la estabilización de la presión sanguínea. Tal vez por eso muchos médicos la acostumbran en sus salas de espera, saben que eso podría calmar a aquel paciente que viene nervioso a recibir los resultados de sus análisis.
Aparentemente la estrategia de los restaurantes de comida rápida es un poquito diferente; mantener el lugar como frigorífero para que la gente coma rápido y se vaya dejando espacio para el siguiente cliente. Y claro que les funciona porque por muy buena música sonando en el fondo, no hay quien aguante semejantes temperaturas.
Si usted se dirige a una entrevista de trabajo, la música en el ascensor puede ayudarle a aplacar los nervios, lo mismo sucederá con la del avión si nunca le ha hecho gracia volar.
Y si es en el automóvil, además del audiolibro de rigor, acostúmbrese a escuchar música de esa que está bien hecha, o donde quiera que se encuentre, asegúrese de reconocer los beneficios de la que se suena a su alrededor.