Rara vez sucederá algo grande, muy importante, sin que haya habido antes alguna señal al respecto, que hayamos decidido ignorarla, es otra cosa.
Hace ya doscientos cincuenta años que nuestro bello planeta se calienta a pasos agigantados y los expertos en el tema no están nada optimistas a pesar de que existen gobiernos seriamente preocupados y comprometidos con el asunto.
Islandia podría encabezar la lista siendo que ha logrado producir el 99% de su energía sin emitir los tristemente célebres gases de efecto invernadero que son los principales causantes de la catástrofe que parece esperarnos ahí, a la vuelta de la esquina.
Luego está Inglaterra con sus inmensos parques eólicos, Portugal con esa peculiar central eléctrica marina, España que ha logrado enormes centrales solares en Granada que podrían abastecer hasta cincuenta mil viviendas.
En muchos otros se está pensando en medios de transporte que prescindan de un motor contaminante, como el impresionante tren de levitación magnética que transita a cuatrocientos kilómetros por hora en China. En India han encontrado un método poco ortodoxo y menos agradable debemos decirlo, pero si les está funcionando, qué mejor.
Y tal vez hablar en términos de “ellos” no sea la mejor idea ya que no importa si estos lugares se encuentran lejos de nosotros, por acá también estamos siendo beneficiados. Asimismo, aunque nos hallemos lejos de las ciudades más contaminadoras y por lo tanto contaminadas, igual sufrimos los estragos de lo que ahí sucede ya que esa contaminación llega a cubrir toda la atmósfera terrestre en un momento dado. Una vez más; todos estamos conectados y lo que hace uno repercute inevitablemente en el otro.
Cuando vemos esos documentales que tratan de alertarnos de lo que está sucediendo, que muestran a los mejores climatólogos haciendo sus estudios en los polos (que precisamente se deshielan por el calentamiento global), recordamos esas grandes producciones hollywoodenses cuyo tema principal es precisamente el cambio climático, que parecen tan exageradas pero que luego de escuchar hablar a los entendidos nos damos cuenta de que todo eso que transcurre en la pantalla grande bien podría trasladarse a la vida real. Y tocamos madera.
“El día después de mañana” por ejemplo, muestra como una de las ciudades más ricas e importantes del mundo se colapsa tras el vertiginoso crecimiento del mar, algo que de verdad está sucediendo. Lo más preocupante aquí es que solo un pequeño grupo de personas parece darse cuenta de esto, el resto del mundo sigue con su día a día como si nada.
Las especies marinas se están trasladando por el calor en los océanos, ellas y los arrecifes sufren por la forma en que estas temperaturas modifican los niveles de oxígeno y nutrientes según explican los biólogos marinos.
Las largas sequias provocan terribles incendios al mismo tiempo que vemos nieve donde nunca se había registrado, inundaciones, huracanes, terribles deforestaciones por plagas de insectos seguidas de varios etcéteras. O sea, las señales están, que sigamos decidiendo no verlas, es otra historia.