Las bandas de criminales, de hombres y mujeres que realizan los diferentes tipos de extorsiones en Honduras, han encontrado un “negocio muy rentable” que se ha convertido en el juego del gato y el ratón. Recogiendo millonarias cantidades de dinero, semanal, quincenal o mensualmente, y donde hay “gatos” confabulados, pues no son verdaderos tigres.
Las denuncias legales en contra de esos malvivientes quedaron archivadas en las distintas instituciones policiales desde décadas atrás. Lo más lamentable, la cualquier cantidad de personas trabajadoras, honradas que se han esforzado con algún tipo de rubro, han sido asesinadas.
Los sectores más vulnerables afectados por ese vil “oficio del crimen organizado” han sido, y siguen siendo, los empresarios del transporte, donde las rutas urbanas las más afectadas. Incontables pérdidas de vidas, en especial de conductores y ayudantes, y la mayoría de estos en la impunidad.
En San Pedro Sula el transporte público presta un gran servicio para la masa trabajadora y estudiantes en especial, con largos recorrido que atraviesan la ciudad a lo largo y ancho. Siendo este servicio que el pueblo pobre puede pagar.
Un ejemplo es la popular Ruta 7 que ha sido y es la más afectada de este fenómeno social delictivo y criminal donde estos sujetos y hasta criminales se han convertido en “socios” a tal situación que, debido al peligro de este ambiente, se ha vuelto común que paralicen labores al no recibir la seguridad adecuada de parte de las distintas autoridades.
Estos grupos han sido y son incontrolables especialmente porque no están solos y eso no es un hecho desconocido para la sociedad hondureña y en especial para la sampedrana.
Debido a esta situación, la clave es que las autoridades correctas y no corruptas, investiguen y capturen a los confabulados uniformados en un país llamado Honduras.