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Santidad caritativa

“Gaudete et exsultate”. De nuevo un documento del Papa que empieza hablando de alegría, como señalaba no hace mucho el secretario de Estado, cardenal Parolín. Se ve en él la experiencia de alguien que, como jesuita, ha sido director espiritual muchos años. Una experiencia que también aparecía en los primeros capítulos de la “Amoris Laetitia”, llenos de consejos para los nuevos esposos.

Pero hay mucho más en esta exhortación apostólica. Algunos han querido ver en ella un ataque contra los críticos a su pontificado, sobre todo en el capítulo dedicado a señalar la persistencia de dos antiguas herejías: el gnosticismo y el pelagianismo. Frases como “cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino”, “quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios”, “quiero recordar que en la Iglesia conviven lícitamente distintas maneras de interpretar muchos aspectos de la doctrina y de la vida cristiana que, en su variedad, ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra. Es verdad que a quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión”, o “con frecuencia se produce una peligrosa confusión: creer que porque sabemos algo o podemos explicarlo, ya somos santos, perfectos, mejores que la «masa ignorante»”.

De los pelagianos dice: “En el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico”. Los “nuevos pelagianos” se manifiestan en “la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos”.