Más noticias

Circuito Anticorrupción, ¿otro poder?

Las acciones judiciales del llamado Circuito Anticorrupción, compuesto por la Fiscalía contra la Impunidad y la Corrupción, la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad y los Tribunales Anticorrupción están provocando un caos de tales magnitudes como pocas veces se ha visto en la historia republicana de Honduras, personalmente, creo que esto es solo el inicio de una estrategia que o se fortalece y el Estado de derecho asienta raíces o se debilita y se cae por completo toda esta nueva estructura judicial que ya no responde más a los criterios de antaño, intereses políticos, padrinazgo y tráfico de influencias. No hay caminos intermedios, ante estas acciones solo queda el éxito o el fracaso, y cualquiera de los dos tendrá unos efectos devastadores en la vida ciudadana de Honduras, para bien o para mal.

Hay muchos factores para analizar en las últimas acciones del Circuito Anticorrupción y que seguirá una dinámica muy peculiar, toda acción provocará una reacción; reacción de la clase política, cambios emergentes en la legislación con carácter netamente protector y al margen de la constitución y la ley, pero que buscarán frenar de cualquier forma las acciones del Circuito Anticorrupción. De tantos factores que se pueden analizar, diría que hay algo primordial que distingue las acciones del Circuito Anticorrupción, algo que pocas veces se ha observado en el actuar la de justicia en Honduras, como es la independencia de los poderes políticos, pero más allá, la profesionalidad de estos nuevos actores en la escena judicial, una experiencia en materia jurídica que solo se puede comparar con la positiva experiencia que se ha tenido con los jueces de sentencia en materia penal.

Esta independencia es tan necesaria, este profesionalismo es tan clave para que la justicia funcione y estos dos elementos parecen aflorar en las acciones del Circuito Anticorrupción; semejante estrategia no es fruto nacional, es fruto de una estrategia extranjera, tratando de replicar el caso guatemalteco. Es una orquesta que nunca había tocado en Honduras, una sinfonía pocas veces vista, donde desde los fiscales anticorrupción, pasando por los jueces anticorrupción y terminando en los magistrados anticorrupción, fueron electos mediante rigurosos procesos selectivos basados en los méritos profesionales y personales de los aspirantes, con una oposición en concurso que ha sacado lo mejor de los juristas hondureños para integrarlos al Circuito Anticorrupción.

Vamos a seguir viendo reacciones más sutiles, más públicas, pero también más fuertes de parte de quienes se sienten ahora alcanzados por la justicia y no nos extrañe que con toda esta embestida contra el Circuito Anticorrupción, ante tantos frenos legislativos que se le están imponiendo, el sistema anticorrupción se debilite, que tarde o temprano encuentren la forma de permear en los miembros del circuito para tratar de influenciar la justicia como siempre lo han hecho. Es un Circuito Anticorrupción que constituye un poder paralelo a la justicia tradicional, pero que también tiene una debilidad.

Esa debilidad es algo que siempre hemos apuntado como una necesidad jurídica de Honduras. Una Corte Constitucional elegida bajo los mismos parámetros, métodos y mecanismos con que fueron electos los miembros del Circuito Anticorrupción, independientes, profesionales, entendidos en derecho y jurisprudencia. Porque una Corte Constitucional con el mismo perfil que los miembros del Circuito Anticorrupción vendría a balancear la lucha anticorrupción, vendría a fortalecer y salvaguardar el trabajo de la Ufecic, Maccih y Tribunales Anticorrupción, y muy importante, vendría a hacer retroceder esas iniciativas legislativas que lindan entre el desconocimiento jurídico y la irresponsabilidad legislativa, proponiendo que las leyes civiles sean retroactivas en casos de corrupción. Si al Circuito Anticorrupción se le añadiera una Corte Constitucional, surgiría verdaderamente otro poder en Honduras.