Más noticias

Un amargo ¿final? para el deshielo entre Cuba y Estados Unidos

Aunque la relación oficial entre Cuba y Estados Unidos se mantiene de momento, la decisión de Washington de retirar a más de la mitad del personal de su embajada en La Habana supone el mayor varapalo hasta ahora en la reciente relación bilateral, y trae para los cubanos un regusto amargo sobre el futuro.

El Departamento de Estado ordenó hoy la salida de todo su personal no esencial de la isla en respuesta a los “ataques” sufridos por al menos 21 estadounidenses destinados en el país y cuyo responsable aún se desconoce, aunque Cuba ha negado airadamente haber tomado parte o facilitado las supuestas agresiones acústicas.

Lo ocurrido no solo tensa las relaciones a nivel diplomático, sino que repercute una vez más en los cubanos de a pie, que ven desvanecerse los sueños de prosperidad que pensaron que traería el deshielo.

Aunque el secretario de Estado, Rex Tillerson, avanzó la semana pasada que su país sopesaba un posible cierre de la misión diplomática -reabierta en julio del 2015-, la noticia de hoy cubre de incertidumbre un futuro bilateral que la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ya había comenzado a empañar.

Supone, además, una bofetada a la diplomacia cubana, uno de los orgullos de la isla, que ha insistido hasta la saciedad en que cumple escrupulosamente con la Convención de Viena respecto a la protección del personal diplomático destinado en su territorio, y en este caso particular, esgrime que no hay ninguna prueba que apunte a Cuba como responsable.

Ni siquiera el canciller cubano, Bruno Rodríguez, logró convencer a su homólogo estadounidense en la sorpresiva reunión que mantuvieron esta semana en Washington a petición del Gobierno del país caribeño.

“Es una mala noticia para el proceso de normalización”, señaló a Efe el diplomático retirado y analista cubano Carlos Alzugaray.

Sin embargo, subrayó que “el párrafo final de la declaración de Tillerson de hoy enfatiza que se mantienen las relaciones diplomáticas y que se espera continuar cooperando con Cuba en el esclarecimiento de estos incidentes”.

Lo cierto es que los “ataques” sufridos por personal estadounidense abrieron un escenario sin precedentes en las relaciones, porque hechos tan graves como los denunciados por EE.UU. no se produjeron ni durante los peores momentos de las cinco décadas de enconado enfrentamiento que mantuvieron los dos países.

Si bien en los años de la Guerra Fría la presión sobre el escaso personal diplomático mutuo era común, no hay documentado ningún caso de daños físicos como los reportados por EE.UU en este incidente, que según medios de ese país incluyen lesiones cerebrales traumáticas leves y pérdida de audición.

A pocas horas del anuncio sobre la retirada de personal, el Ejecutivo de Raúl Castro aún no se ha pronunciado públicamente, aunque es previsible que lo haga en breve porque la relación con el vecino del norte es para la isla cuestión de estado.

A la vez que anunciaba la reducción de su personal diplomático en Cuba, Washington suspendió indefinidamente la emisión de visados a cubanos en La Habana -podrán pedirlos en otros países- y recomendó a sus nacionales no viajar a Cuba por motivos de seguridad, aunque reconoció que no se ha registrado ningún ataque a turistas de EE.UU.

Una advertencia de estas características supone un torpedo a la línea de flotación de la economía cubana, y muy especialmente del sector privado de la isla.

Docenas de negocios de alquiler de habitaciones, restaurantes, paseos en coche antiguo e incontables servicios turísticos habían florecido al calor del deshielo gracias a la avalancha de estadounidenses que comenzaron a viajar a la otrora prohibida Cuba en cruceros y en los vuelos comerciales restablecidos hace apenas un año.

Solo entre enero y mayo de este año visitaron la isla 284.565 viajeros de ese país, una cifra que supera el total de visitantes estadounidenses en 2016, según datos oficiales.

El inquietante ambiente que se ha ido fraguando en los últimos meses está a años luz del escenario bilateral de hace solo un año, cuando ambos países saboreaban las mieles del entendimiento y firmaban a buen ritmo todos los acuerdos y convenios pendientes tras medio siglo de ruptura.

Si el deshielo llevó la cara de Barack Obama, cada vez parece más claro que la reanudación de las tensiones estará marcada por la efigie de Trump, abiertamente contrario a las políticas de su antecesor hacia La Habana.

En la isla, aún a pesar del interés en mantener las relaciones, no le perdonan el duro mensaje que envió en junio desde Miami ni los guiños al exilio anticastrista de La Florida, un asunto siempre espinoso para Cuba.

“La Administración Trump le ha hecho suficientes concesiones como para afectar las relaciones”, sostuvo Alzugaray, aunque precisó que el hecho de que el poderoso senador cubanoamericano Marco Rubio haya considerado insuficientes las medidas anunciadas hoy indica que “una vez más, los oponentes más recalcitrantes de la normalización no lograron su objetivo óptimo”. EFE