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Desde mi trinchera

Verá, a veces invade la desesperanza de sentirse espectador de una historia terrible que pasa frente a nuestros ojos. La desolación se acomoda en la cabeza y hace su nido allí. ¿Lo ha vivido?

Las estadísticas muestran que no hemos avanzado en la lucha contra la pobreza. La batalla parece no haber sido enfrentada con las estrategias correctas, a pesar de programas oficiales de antaño y nuevos, el 43% de la población en Honduras vive en extrema pobreza, de acuerdo con datos del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras, Fosdeh.

Además de la pobreza entendida como la falta de recursos económicos, existe otra que también es grave. Se trata de la pobreza de actitud. ¿Qué podemos hacer? Quedarnos inmóviles y quejarnos de nuestro destino o luchar desde nuestra propia trinchera, allí en el papel que desempeñamos todos los días.

El combate a la pobreza es un tema de Estado primordialmente, que debe dirigir el gobierno y en el que entran en escena otros actores, sin duda. Pero en el combate a la pobreza de actitud –como carencia de actitud positiva- todos tenemos algo que hacer y hay que librar la batalla.

Entonces, decido. Desde mi trinchera puedo asumir que corro el riesgo de caer en la indiferencia ante muchas situaciones, para no incomodarme. También que constantemente acecha la desidia y estoy en riesgo de dejarme llevar, quizá por miedo a parecer un Quijote frente a otros.

Desde mi trinchera, comprendo que puedo asumir una actitud positiva, sin dejar de ser crítica, para hacer valer mis derechos y para cumplir mis deberes, haciendo mi trabajo -ese que a veces parece tan pequeño- con esmero y dedicación; dejando de pensar solamente en lo transaccional –“trabajo porque me pagan”- para hacer mi labor porque a través de ella me realizo y proveo valor a otros.

Desde mi trinchera decido actuar, sabiendo que no puedo esperar que los políticos resuelvan todo porque tenemos mil historias que demuestran lo contrario, que puedo ayudar a cambiar mi entorno por pequeño que sea, cuando a través de mi esfuerzo doy esperanza a otros, empezando por quienes viven bajo mi mismo techo.

Hago cada tarea no por obligación, sino porque tengo la mirada puesta en objetivos más altos y cada cosa que hago me acerca a ellos. Decido soñar, pero también trabajar por realizar esos sueños. Decido seguir aquí, porque creo que puedo ser parte de algo mejor, no solamente por los míos, sino por el país. ¿Y usted que hará desde su trinchera?