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Cinco mil dólares pudieron evitar la tragedia del Chapecoense

Autoridades hablan de corrupción y negligencia en el accidente que deja mucho luto en el deporte.

Equipos de rescate recuperan cuerpos del avión accidentado en el municipio de La Unión, departamento de Antioquia (Colombia).
Equipos de rescate recuperan cuerpos del avión accidentado en el municipio de La Unión, departamento de Antioquia (Colombia).

Medellin, Colombia

Unos cinco mil dólares es lo que habría constado a la aerolínea LaMia hacer una parada técnica por los costos del combustible y derechos de usar el aeropuerto y con esto evitar la tragedia que dejó un saldo de 71 personas muertas y seis heridos.

El piloto del vuelo LaMia 2933, de manera inexplicable, decidió no cumplir las normas de seguridad y se aventó a volar cuatro horas y 50 minutos antes de salir de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

A cinco minutos de su destino -el aeropuerto José María Córdova, de Rionegro- la aeronave se perdió del radar y la tragedia se confirmó.

Hasta el momento, no se sabe con exactitud porque el capitán Miguel Quiroga Murakami y su tripulación decidieron jugar a la ruleta rusa con la vida de 77 personas, incluidas las suyas cuando eso se podía evitar si se hubieran cumplido con las normas de seguridad.

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Corrupción en el vuelo

Se habla de que en este accidente hay negligencia, en primera instancia por parte de la aerolínea y su capitán, así como la de las autoridades aéreas de Bolivia, país de origen del vuelo.

“En la aviación se aprende de los accidentes. Tenemos muchas lecciones dolorosas aprendidas. Y una de ellas es que los errores no necesariamente los comete el piloto, sino que muchas veces nacen el día anterior, cuando en un escritorio se define el plan de vuelo, la ruta, el gasto de combustible”, dice el capitán Jaime Hernández, presidente de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles.

El capitán Quiroga Murakami, de 36 años, se movía en los dos mundos, entre los mandos del avión y los escritorios de LaMia.

Quiroga era a la vez piloto y accionista de la pequeña aerolínea que de un momento a otro se convirtió en una de las más usadas en el fútbol suramericano. Esto a pesar de la precariedad de su flota: tres aviones RJ85, de los que solo uno, el del accidente, estaba operando.

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El vuelo correcto

En teoría, el Chapecoense debía partir en un chárter desde São Paulo, en Brasil, hacer escala en el norteño pueblo boliviano de Cobija, donde debía volver a llenar sus tanques, y volar después hacia Medellín. Pero las autoridades brasileñas no autorizaron la entrada del avión de LaMia por un supuesto ingreso sin cumplir las normas en otro viaje de fútbol.

Debíamos salir de Brasil, entrar a Bolivia más al norte y pasar a Medellín, pero Brasil no nos dio esa autorización para entrar a sacar pasajeros (...). Entonces tuvimos que traerlos en vuelo de ruta hasta el aeropuerto Viru Viru, de Santa Cruz”, le dijo a diario El Tiempo de Colombia el general (r) boliviano Gustavo Vargas, gerente de LaMia.

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Falla de calculo

Según expertos cercanos a la Federal Aviation Administration (FAA) de EUA., quienes colaboran con la investigación, 5.000 dólares le habrían bastado al LaMia para cubrir el valor de la parada técnica. Un avión como el que se siniestró requiere de 20.600 libras de combustible para llenar su tanque.

Esto significa que hubieran tenido que pagar 4.827 dólares de combustible, si se tiene en cuenta que Bogotá vende el galón a 1,57 dólares. A eso se le debe sumar el pago por el uso del aeropuerto y por el servicio en tierra, con lo que se sumarían los 5.000 dólares.

Pero no solo habría sido ese costo. Las autoridades colombianas sospechan que para el momento en el que el 2933 pasó por el centro del país ya venía con el nivel de combustible por debajo del mínimo permitido.

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Aterrizar en Bogotá habría garantizado la seguridad del vuelo, pero habría activado un protocolo de control que podía terminar en la inmovilización del avión y una multa de mínimo 25.000 dólares.

Quiroga se la jugó por continuar hasta Medellín, asumiendo que su aterrizaje no tendría problemas. Pero se encontró con que un avión de Viva Colombia había pedido prioridad por una posible fuga de combustible.

Cuando el 2933 llegó al cielo de Rionegro ya el otro avión estaba tomando tierra, pero en la pista se cumplían labores de limpieza preventivas, precisamente para garantizar el aterrizaje de las naves que seguían. Y dos vuelos más estaban en turno.