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El sueño sampedrano que terminó en un bordo

<p>Miles de personas dejan atrás sus lugares de origen buscando mejorar su vida y solo hallan pobreza.</p>

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Las zonas de San Pedro Sula conocidas como “los bordos” son un ejemplo de la pobreza que azota a Honduras, un país en el que casi seis millones de personas son pobres, de los 8.5 millones de habitantes que tiene en total.

Como si fueran una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, la mayoría de casas están construidas con madera semipodrida, nailon, láminas de zinc oxidadas y cartón comprimido.

Casi todas son hechas por la propia gente que ahora las habita.

En San Pedro Sula hay 16 bordos ubicados en zonas consideradas de riesgo, por lo que las autoridades las llaman no habitables.

A pesar de la advertencia, 8,500 familias viven en los bordos, según los datos de la Unidad de Vivienda Social de la Municipalidad de San Pedro Sula.

La mayoría de habitantes en estos lugares provienen de zonas menos desarrolladas del país y vinieron a suelo sampedrano con la ilusión de encontrar oportunidades de empleo para mejorar su vida y la de sus familias, pero esto por lo general es un espejismo que se desvanece al poco tiempo. Incluso así se quedan, se resisten a volver a sus lugares de origen con las manos vacías.

En los bordos, las familias tienen un ingreso máximo de apenas 3,500 lempiras mensuales.

Nadie sabe con certeza cuál es la cifra real de habitantes en estas zonas hostiles, pero se calcula que ronda los 42 mil, ya que cada familia está compuesta por al menos cinco integrantes.

“Peor que en los montes”

En un recorrido por los bordos de San Pedro Sula abundan las historias de desolación, desesperanza y olvido.

Una de ellas es la de Hermenegildo Pinto (58), quien hace siete años dejó su lugar de origen, el departamento de Lempira, y migró a los bordos sampedranos soñando con un empleo en la ciudad.

“Trabajé como guardia de seguridad un tiempo, pero ahora ya tengo dos años desempleado y no me queda más que hacer trabajos de un día que me dan porque a uno viejo ya no lo contratan”, lamentó este campeño que vive con su esposa y sus cuatro hijos de 9, 12, 15 y 17 años.

“Está jodida la vida aquí. Creo que ya está peor que en los montes porque allá, si uno siembra, tiene algo que comer al menos o entre vecinos nos ayudamos y ya comemos”, expresó el humilde señor, haciendo una comparación entre el día a día en las zonas rurales y la ciudad.

Como no tiene empleo, Pinto pasa mucho tiempo haciendo bloques con una máquina que consiguió. Anhela hacer un muro detrás de su carcomida casa de madera, que él mismo construyó.

Otro caso es el de Miriam Andrade, quien vive hace 14 años en el bordo de río Blanco. Su esposo falleció hace dos años y ella quedó sola, con cinco hijos de 9, 10, 13, 17 y 18 años por quienes velar.

Ella vende tortillas para llevar sustento a su hogar.

“Con esto al menos logro que mis hijos coman y vayan a la escuela. Ellos me ayudan a vender aquí cuando no están estudiando”, relató la señora.

Aunque los bordos rodean la zona más urbanizada y en desarrollo de la ciudad, son un mundo aparte. Las vidas se viven a otro ritmo y muchas veces se quedan paradas. Un ejemplo fue la sorpresa e incredulidad con que doña Mirian escuchó que su hija de 18 años, que está por salir del colegio, puede ir a la universidad con solo pasar un examen de admisión y pagar 270 lempiras por período, haciendo alusión a los centros de estudio de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Su mirada se iluminó cuando al fin entendió que no era una broma del periodista que visitaba el bordo de río Blanco. “Siempre soñé que mis hijos fueran a una universidad, pero pensaba que era imposible porque sería muy caro y no podríamos pagar”, confesó.

Fue exactamente igual la reacción de varios entrevistados, con hijos por egresar del colegio, a quienes se les contó que hay una universidad pública.

Celestino Peña (43) también vive en uno de los bordos sampedranos. Él emigró de Santa Bárbara y llegó a la ciudad en 1993, dispuesto a cumplir el “sueño sampedrano”.

“Aquí no tenemos apoyo de un alcalde ni de un Gobierno. No hay trabajo. No hay forma de salir adelante”, se desahogó Peña, quien por la falta de empleo se dedicó a limpiar solares, labor con la que poco a poco ha logrado comprar equipo para el servicio que da.

“Modifiqué mi bicicleta para andar en ella una chapeadora (corta césped), un güiril (podadora eléctrica), una escoba, rastrillo, tijera para podar y así tener clientes. Mi teléfono es 32851435 y voy adonde sea que me llamen. Me siento orgulloso de ganarme la vida así y del lugar en el que vivo, aunque alguna gente discrimina a quien vive en los bordos sin conocer la situación porque aquí lo que somos es gente con muchas ganas de trabajar”, aseguró Celestino. él también construyó la casa donde vive con su esposa y sus tres hijas de 5, 8 y 12 años.

Retando a la muerte

En los bordos hay una enorme cantidad de casas, transporte interno, negocios, escuelas, guarderías, tiendas, pero en realidad ninguna construcción ahí ha sido permitida por las autoridades y lo único que realmente acredita que alguien es dueño de una casa es su palabra o alguna escritura que ellos mismos han improvisado.

Se las ingenian para tener agua y energía eléctrica en sus casas, ya que no pagan por estos servicios.

Cuando caen las tormentas, la gente que vive en las zonas bajas de los bordos corre el peligro de ser víctimas de las inundaciones, un riesgo que puede costarles la vida.

Ritzi Serrano, de la Unidad de Vivienda Social, perteneciente a la superintendencia de Acción Social de la Municipalidad sampedrana, indicó que el último estudio que hicieron en los bordos es de finales de 2011.

“Hacemos estudios socioeconómicos para saber qué capacidad de pago tiene cada familia, por si fueran movilizados a otra zona más segura. En los bordos no se pueden legalizar las propiedades porque son áreas vulnerables”.

En la oficina de Vivienda Social tienen dos pequeños cuadros en los que se detalla la “misión y visión” de esta dependencia municipal.

“Que para el año 2014 en la ciudad de San Pedro Sula se hayan movilizado a ciudades periféricas las familias de al menos seis zonas de riesgo (bordos e invasiones)”, dice la visión.

Sin embargo, Serrano reveló que en realidad no hay fecha para solucionar el problema.

“Por ahora no tenemos plazo, pero estudiamos propuestas para ver los terrenos, qué capacidad tienen y si cuentan con todos los servicios básicos. Las organizaciones Hábitat de Honduras y Cepudo están dispuestas a construir las viviendas una vez que tengamos el terreno”.

En los bordos se venden casas por 20,000 lempiras

En los bordos de San Pedro Sula hay un sistema interno de “bienes raíces” muy activo.
A pesar de que aquí, por ser zona de riesgo, las construcciones no son permitidas ni se han legalizado las que ya están, las personas compran y venden casas, a veces para tratar de iniciar un negocio, para mudarse a otra zona o por la necesidad de dinero debido a alguna emergencia.

Al hacer un recorrido se encuentran varios rótulos de “se vende”. Al “cotizar” las casas, el precio promedio de venta es de L20,000 por una casa pequeña de madera, en regulares condiciones. Nadie obtiene papeles legales por ellas.