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Berta Cáceres, la dirigente que vivió bajo amenazas

La líder indígena fue asesinada la madrugada del jueves 3 de marzo.

Los hondureños repudiaron el crimen de Berta Cáceres. Su cuerpo fue llevado a medicina Forense en la capital. Anoche ya era velada en casa de su madre. Foto: AFP/Orlando Sierra
Los hondureños repudiaron el crimen de Berta Cáceres. Su cuerpo fue llevado a medicina Forense en la capital. Anoche ya era velada en casa de su madre. Foto: AFP/Orlando Sierra

La Esperanza, Intibucá, Honduras.

¿Quién mató a Berta Cáceres? ¿Por qué la asesinaron? Ambas respuestas aún se desconocen, aunque las hipótesis sobre las causas de su muerte apuntan a su lucha en defensa de los ríos, del ambiente.

Autoridades gubernamentales ya conformaron varios equipos de investigación apoyados por especialistas de Estados Unidos.

Anoche, en el último comunicado de prensa emitido por Casa de Gobierno, se informó que como primeros resultados “ya se encuentran bajo custodia policial un testigo protegido, un testigo y un sospechoso del crimen”.

El asesinato de la ambientalista y defensora de las etnias en el occidente de Honduras causó conmoción nacional e internacional. Una avalancha de reacciones expresando repudio no se hizo esperar. Fue amenazada de muerte en varias ocasiones y lo dijo públicamente. Por esa razón gozaba de medidas cautelares de protección dictadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh).

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Su última noche

“Me siento agotada porque ya es demasiado esta lucha sin parar” fue lo último que la dirigente dijo a su madre María Austra Flores López antes de ser asesinada ayer a la 1:00 am en su casa en la colonia El Líbano, de La Esperanza.

Según relató la dolida madre, su hija estuvo en su casa en la colonia El Calvario hasta aproximadamente las 10:00 pm cuando junto con un amigo de origen mexicano decidió retirarse.

Cáceres fue atacada a balazos por tres hombres en su propia vivienda tras luchar con sus homicidas. Su amigo resultó con heridas.

Sobre la muerte de su hija, Flores López dijo que ella “siempre fue perseguida y que hace pocos días había sido amenazada debido a que denunció el inicio de la construcción de una represa en un sector de Santa Bárbara, adonde también fue detenida y tuvo un altercado con los militares”.

“Ella hace tiempo era perseguida. N ació aquí en esta casa, aquí la crie, me acompañó en mi época política para continuar las luchas que yo empecé; pero desgraciadamente la cortaron de un solo tajo. Yo me enteré de su muerte a las cuatro de la mañana”, expresó.

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“Pedimos justicia, que se descubra a los verdaderos asesinos, no a los gatos (que dispararon). El Gobierno es el responsable porque deja los crímenes en la impunidad”, exigió.

Sobre lo sucedido, Gustavo Cáceres, hermano mayor de la dirigente, les exigió a los órganos de investigación del país que esclarezcan lo sucedido. Aseguró que su hermana ya había denunciado que la iban a asesinar y que nadie hizo nada.

“Sabemos la débil investigación que hay en este país, ella siempre denunció que la iban a matar, lo dijo a través de todos los medios de comunicación que estaba siendo perseguida por sicarios. En su momento diremos algunos nombres, ninguna mujer se merece morir de esa forma”, advirtió.

“Quieren asustar a la población con este crimen político cometido por sicarios de grupos fácticos ligados al Estado”, denunció Salvador Zúniga, exesposo de Cáceres, con quien ella fundó el Copinh en 1993.

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Su lucha final

La última lucha que emprendía la mujer, de baja estatura, cara redonda, ojos vivaces y abundante cabellera negra, era en defensa del río Gualcarque, en Santa Bárbara, contra una compañía que pretende construir una represa hidroeléctrica.

En 2013, otra empresa terminó renunciando a una construcción en el mismo río, luego de masivas manifestaciones emprendidas por el Copinh, en una de la cuales murió en junio de ese año a manos de un militar su compañero Tomás García.

En 2013, la dirigente indígena fue acusada por la Fiscalía por portación ilegal de armas y ella se defendió ante los tribunales luego de que, según su denuncia, autoridades le pusieron un revólver en su carro para incriminarla.

“Me siguen. Me amenazan con matarme. Amenazan a mi familia”, había denunciado la asesinada luego de recibir el premio Goldman.

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El alcalde de La Esperanza, Miguel Antonio Fajardo Mejía, exigió a las autoridades llegar hasta el fondo del crimen. “Aquí no queremos supuestas hipótesis, sino que llegar a la luz porque cuando usted tiene la luz no se especula, tampoco se desinforma”, agregó.

Tomás Gómez Membreño, coordinador de organizaciones indígenas de La Esperanza, aseguró que seguirán en la lucha hasta detener el proyecto hidroeléctrico en la zona de Río Blanco en Intibucá.

“No queremos que las autoridades digan que este crimen fue pasional. Organizaremos caravanas de todos los puntos del país con organizaciones campesinas e indígenas porque la compañera Berta era un símbolo de este país que tenía propuesta ante este sistema”, reveló.

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