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Tegucigalpa a las puertas de la “guerra del agua”

Expertos en temas hídricos y geología expresan que en los próximos cinco años el Gobierno y la Municipalidad deben reemplazar la red de distribución e invertir en el desarrollo de nuevas fuentes para frenar las convulsiones.

Habitantes de la comunidad periférica El Manzanal regresan a sus casas con recipientes llenos de agua (para cocinar) que obtuvieron en La Fuente.
Habitantes de la comunidad periférica El Manzanal regresan a sus casas con recipientes llenos de agua (para cocinar) que obtuvieron en La Fuente.

Tegucigalpa, Honduras

En 2030, cerca de dos millones de personas serán testigos o se verán envueltas en disputas violentas por las fuentes de agua debido a la escasez que postrará al Distrito Central.

Este escenario con matices apocalípticos se gestará si el Gobierno y la Municipalidad no invierten en los próximos cinco años en el reemplazo del colapsado sistema de distribución (data de hace 70 años) y en la explotación de nuevas fuentes hídricas que permitan aumentar la oferta de litros por persona.

Escasez
Los que sufren. En el Distrito Central hay 293,748 hogares, según INE, y 154,089 son pobres. Estos sufren más por la escasez de agua.

En este momento, más de 700,000 personas pobres (de las 1,257,698 que viven en la capital) sortean todas las semanas momentos angustiantes por no poseer agua (para cocinar e higiene personal) o dinero para comprarla.

Seydi Rodríguez, por ejemplo, y sus hijas todas las semanas se ven en la imperiosa necesidad de caminar más de diez cuadras para acarrear agua en cubetas de plástico desde la comunidad de La Fuente hasta su casa situada en El Manzanal.

“A veces nos regalan y a veces la compramos”, explica Seydi.

En las áreas periféricas, algunos capitalinos prefieren pagarles a distribuidores privados por lo menos L25 por un barril de agua, cuya calidad y procedencia desconocen.

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En muchas comunidades de Tegucigalpa, para no gastar dinero en la compra del líquido, las mujeres van a las quebradas varias veces a la semana a lavar la ropa de toda la familia.

El Distrito Central es, según el Ente Regulador de los Servicios de Agua Potable y Saneamiento (ERSAPS), la región del país donde solo el 62% aproximadamente tiene acceso al líquido y, para colmo de males, de manera intermitente: dos o tres veces a la semana.

En contraste, el 98% de los habitantes de San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande, la reciben en sus casas todos los días y alrededor de un 2% de vez en cuando durante la semana.

Las diferencias marcadas entre estas dos ciudadades tiene una explicación simple: el servicio en San Pedro Sula es administrado por Aguas de San Pedro (bajo el modelo de concesión), mientras, en Tegucigalpa el sistema ha estado bajo el control del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (Sanaa), entidad del Gobierno que ha dependido de los cálculos de los políticos en el poder.

“Desde 1992 no hemos tenido una inversión nueva en agua potable. Llevamos 26 años sin nuevos proyectos. El último fue Concepción. La ciudad ha seguido creciendo y la demanda ha estado creciendo. Ahorita hay una oferta de tres metros cúbicos por segudo y la población necesita seis metros cúbicos por segudo. Las autoridades manejan esta crisis dándonos menos agua. Antes teníamos todos los días, después la pusieron día de por medio y ahora la dan dos veces por semana”, explica un experto que ha trabajado con instituciones del Gobierno y que ha solicitado el anonimato.

Este especialista, quien ha participado en el desarrollo de estudios hídricos, lamenta que “hay comunidades que tienen agua una vez al mes”.

La crisis del agua, en la cual se encuentran atrapados los capitalinos sin dimensionar la gravedad, es consecuencia de la “irresponsabilidad de los gobiernos que dirigieron el país en las últimas dos décadas”.

“El racionamiento llegará a tal grado que causará mayores problemas de salud y habrá descontento social. Esto nos pondrá en aprietos”, advierte.

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El Gobierno debe mantener el proceso de municipalización del agua en la capital para desarrollar el sistema.

Para bajar la intensidad del problema y evitar convulsiones, el geólogo Mario Murillo Álvarez, gerente general de la firma Geo-Tec, considera que el municipio de Tegucigalpa debe desarrollar nuevos proyectos a corto plazo, de lo contrario “habrá crisis más grandes con restricciones más prolongadas y con problemas sociales mayores”.

“Algunas ciudades de Honduras cuentan con acueductos y recursos urbanos realmente antiguos. Tal es el caso de Tegucigalpa, donde la última infraestructura hidráulica importante fue la represa Los Laureles, a comienzos de los 90. Es decir más de 25 años sin aumentar, suplir o considerar el incremento poblacional, con las consecuencias lógicas de escasez, restricciones y, en definitiva, un servicio muy ineficiente en el año 2018”, dice el geólogo.

Protección
Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente debe asumir mayor responsabilidad en la protección de cuencas.

Evidentemente, el Distrito Central es la región más golpeada por la escasez, pero todo el país “presenta problemas de infraestructura: redes hidráulicas muy antiguas con numerosas fugas, rechazo o temor a la implantación de medidores (afortunadamente cada vez menos), cierta insolidaridad con los otros usuarios, mal aprovechamiento de los recursos hídricos superficiales y explotación masiva de los recursos subterráneos”, aclara.

Las autoridades gubernamentales de las últimas dos décadas, además de no invertir en nuevos proyectos, descuidaron las cuencas hídricas, sin embargo, estas, pese a perder la capacidad de producción, aún puden salvar a los capitalinos.

En el plan de accción denominado Tegucigalpa y Comayagüela, capital sostenible, segura y abierta al público, diseñado en 2015 por la Municipalidad y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), esas entidades consideraron que “el panorama es complejo, ya que la mayoría de las actuales fuentes de recurso hídrico para la ciudad (las cuencas de cabecera del Río Choluteca) no disponen de excedentes (...)”.

Una de esas fuentes es el río del Hombre, que apotaría 7 hm3 (hectómetros cúbicos), pero esta cuenca es probable, según un experto, que “haya perdido capacidad porque no la han protegido”.

Para frenar la crisis, la Corporación Municipal, dirigida por Nasry Asfura, comenzó a liderar el año pasado el proceso para municipalizar el sistema de agua y saneamiento que ha estado en manos del Sanaa.

Según Roberto Zablah, gerente del Sanaa, esa entidad le trasladará el año próximo el sistema a la capital.

Sin embargo, la Municipalidad ya “firmó un contrato por L288 millones con una empresa que está haciendo el mapeo de la red de agua potable, red de agua residual, red de aguas lluvias y reparación de la red de distribución porque está colapsada, dio su vida útil, construida hace 70 años, y tenemos tremendas pérdidas”, aseguró.

Para los próximos tres años y medio, de acuerdo con Zablah, el Sanaa y la Municipalidad se han propuesto aumentar la continuidad del agua.

“Pretendemos tener agua todos los días. No vamos a tener las 24 horas, pero podríamos tener ocho horas de servicio. Este sería un avance fabuloso para los que vivimos en la capital”, explica.

La Municipalidad y Sanaa han proyectado que retirando el sedimento de las represas Los Laures (dos millones de metros cúbicos) y La Concepción (cuatro millones) le agregarán seis millones a la oferta de agua.

Alternamemente, repararán la red de distribución para reducir las fugas y desarrollarán dos nuevas fuentes: Jacaleapa y Jiniguare.

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