Un "marcapasos" cerebral podría ayudar a relentizar el Alzheimer

Estados Unidos

Estimular el cerebro con un dispositivo implantable podría ser seguro, y quizá útil, para algunas personas con la enfermedad de Alzheimer, sugiere un nuevo estudio piloto de tamaño reducido.

En lo que los investigadores describieron como un tratamiento de "prueba de concepto", se implantaron cables de estimulación cerebral profunda (ECP) en los cerebros de tres pacientes con Alzheimer, en áreas relacionadas con habilidades como la planificación, el juicio y la resolución de problemas.

A lo largo de los siguientes 18 meses o más, la táctica pareció ser segura. Y hubo "señales" de que ralentizó el declive de dos de los pacientes, dijo el investigador líder, el Dr. Douglas Scharre, director de neurología cognitiva en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio.

La ECP ya se usa para tratar algunos casos de enfermedad de Parkinson y otros trastornos cerebrales específicos.

Pero es demasiado pronto para saber si tiene un valor para la gente con Alzheimer, enfatizó Scharre.

"Todavía no está listo para el estrellato", dijo. "No es algo que los pacientes puedan pedir al neurólogo".

Keith Fargo, director de programas científicos de la Asociación del Alzheimer (Alzheimer’s Association), se mostró de acuerdo.

Es "demasiado pronto" para que los pacientes o los cuidadores busquen la ECP, dijo Fargo, que no participó en el estudio.

En vez de eso, comentó, estos hallazgos sugieren que la estimulación cerebral profunda es "una ruta razonable" de estudio en ensayos clínicos más grandes.

Los resultados aparecen en la edición en línea del 30 de enero de la revista Journal of Alzheimer’s Disease.

La estimulación cerebral profunda conlleva implantar electrodos en el cerebro, y conectarlos a un generador de pulsos colocado debajo de la piel del pecho. El dispositivo, a veces conocido como "marcapasos cerebral", administra pulsos eléctricos que alteran la actividad en "circuitos" cerebrales específicos.

La teoría que subyace a la ECP para los pacientes de Alzheimer, señaló Scharre, es similar al principio de "lo que no se usa, se pierde": si se pueden estimular áreas clave del cerebro para que formen conexiones nuevas entre las células, esto podría ralentizar el declive.

Scharre anotó que ahora mismo los medicamentos para el Alzheimer se dirigen a las sustancias cerebrales implicadas en la memoria.

Pero el Alzheimer afecta a todo tipo de función mental, incluyendo el juicio, la planificación y la toma de decisiones. Y esos problemas tienen un impacto inmenso en la calidad de vida, para los pacientes y para sus cuidadores, añadió Scharre.

Entonces, los pacientes de este estudio recibieron ECP durante al menos 18 meses en áreas del cerebro que regulan esas capacidades mentales. Los tres pacientes estaban en las etapas iniciales del Alzheimer y tomaban los medicamentos estándar.

Tras iniciar la ECP, todos experimentaron un declive general en la memoria, la resolución de problemas y otras habilidades. Pero el ritmo de su declive fue más lento, en comparación con 96 pacientes cuya información se extrajo de una base de datos de investigación sobre el Alzheimer.

El declive de dos de los pacientes que recibieron ECP tuvo un ritmo "significativamente" más lento, según Scharre. Esto incluyó a una que en realidad mostró cierta mejora.

Esa paciente fue LaVonne Moore, con 85 años de edad, de Delaware, Ohio. Cuando empezó el estudio, no preparaba ninguna comida. Tras dos años de estimulación cerebral profunda, había recuperado esa habilidad, y realizaba mejor otras tareas sencillas, como elegir su ropa y organizar salidas.

En un comunicado de prensa de la Universidad Estatal de Ohio, su marido, Tom Moore, dio que su Alzheimer había progresado, pero más lentamente de lo que él había anticipado.

"LaVonne ha tenido la enfermedad de Alzheimer durante más tiempo que nadie a quien conozca, y eso suena negativo, pero en realidad es positivo, porque muestra que estamos haciendo algo bien", dijo Moore.

Si la ECP se convierte algún día en una opción para el Alzheimer, Scharre advirtió que no sería para todo el mundo.

Por ejemplo, no sería adecuada para las personas frágiles o con otras afecciones médicas graves.

En el estudio piloto, los efectos secundarios incluyeron sofocos, palpitaciones cardiacas y sensaciones de ardor en la piel, que se revirtieron al ajustar la configuración de la ECP, apuntaron los investigadores.

Según Scharre, todavía no se está trabajando en un ensayo de mayor tamaño.

Fargo añadió que lo que se necesita es una investigación que compare la estimulación cerebral profunda con un dispositivo placebo.

A nivel más amplio, anotó, este estudio resalta una cuestión importante: "la enfermedad de Alzheimer no es solo amnesia".

Fargo dijo que para los cuidadores, los problemas con capacidades como el juicio y la planificación en realidad pueden ser más difíciles. De forma que cualquier nueva terapia que ayude a abordar esos problemas sería bienvenida.

Más de 5 millones de estadounidenses tienen Alzheimer, y esa cifra podría aumentar a 16 millones en 2050, según la Asociación del Alzheimer.