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Los papás deben jugar videojuegos con sus hijos

Jugar videojuegos con sus hijos pequeños puede ser beneficioso

Quizá los padres puedan dejar de sentirse culpables sobre permitir a sus hijos pequeños que jueguen videojuegos... siempre y cuando los jueguen con ellos.
Quizá los padres puedan dejar de sentirse culpables sobre permitir a sus hijos pequeños que jueguen videojuegos... siempre y cuando los jueguen con ellos.

Quizá los padres puedan dejar de sentirse culpables sobre permitir a sus hijos pequeños que jueguen videojuegos... siempre y cuando los jueguen con ellos.

Esa es la sugerencia de un pequeño estudio sobre los efectos de la tecnología de pantalla táctil en el desarrollo de los niños. La investigación encaja con la creciente preocupación de que los niños pequeños quizá sufran daños a medida que la tecnología cobra protagonismo en sus vidas y los videojuegos desplazan a la actividad física.

"Dado el alcance de nuestro estudio, no podemos hablar sobre si usar la tecnología como ’niñero’ independiente (o sea, darle el iPad al niño y dejarlo solo) es o no ventajoso para el niño", apuntó el autor del estudio, Nick Antrilli.

"Pero sí observamos que la interactividad social, al menos cuando era iniciada por el niño pequeño, podría ofrecer cierto beneficio", añadió Antrilli, candidato doctoral en el Laboratorio de Desarrollo Infantil de la Universidad de California, en Santa Cruz.

El estudio encontró que a los niños de 2 años que participaban en actividad física (como gatear por un túnel o jugar a la pelota) les iba mejor en una prueba de flexibilidad mental que a los niños a quienes dejaban jugar videojuegos solos.

Pero los investigadores también encontraron que cuando los niños pequeños jugaban videojuegos no educativos con un adulto, en lugar de solos, no les iba peor en la prueba que a los niños que correteaban.

En su experimento, los investigadores dividieron a 78 niños de 2 años de edad en tres grupos.

A un grupo le dieron nueve minutos para dibujar y colorear, mientras que otro realizó actividad física. El tercer grupo recibió un dispositivo de pantalla táctil con un juego no educativo que los niños podían jugar a cualquier ritmo que eligieran.

Entonces, se pidió a todos que clasificaran objetos, primero por forma y luego por color, para evaluar su flexibilidad mental.

A primera vista, los investigadores notaron que el grupo de actividad física tuvo el mejor rendimiento. Pero también observaron que los niños con pantallas táctiles rindieron igual de bien en general que los del grupo de dibujo.

Al indagar con mayor profundidad, notaron que algunos niños eligieron jugar el videojuego solos, mientras que otros invitaron a un adulto a jugar con ellos. Resultó que a los niños que jugaron con adultos no solo les fue mejor en la tarea de clasificación que a los que jugaron solos, sino que también rindieron igual de bien que el grupo de actividad física.

Los hallazgos sugieren que quizá no sea lo que los niños hacen, sino la forma en que lo hacen, lo que afecta a su desarrollo.

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Los hallazgos fueron presentados el viernes en la Conferencia sobre Tecnología, Mente y Sociedad de la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association), en Washington, D.C. Las investigaciones presentadas en las reuniones se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.

Antrilli dijo que el estudio solo fue "exploratorio", y anotó que las diferencias grupales fueron suficientemente pequeñas como para ser consideradas insignificantes.

"Se necesita más investigación para clarificar qué rol tiene la interacción social durante los juegos en pantallas táctiles en la flexibilidad cognitiva de los niños pequeños", planteó Antrilli.

La Dra. Elsie Taveras, directora del Centro Kraft de Salud Comunitaria del Hospital General de Massachusetts para Niños en Boston, sugirió que la interacción social es una ventaja pediátrica.

"En términos generales, las interacciones sociales positivas con adultos y cuidadores de confianza pueden ser beneficiosas para el desarrollo y el aprendizaje de los niños", afirmó.

"Por ejemplo, cuando un niño pequeño balbucea, gesticula o apunta a algo, y un adulto o cuidador de confianza responde de forma adecuada con contacto visual, palabras o un abrazo, la investigación muestra que se generan y fortalecen conexiones neurales en el cerebro del niño que respaldan el desarrollo de las habilidades de comunicación y sociales", dijo.

"Este proceso de interacción es fundamental para la estructura del cerebro, sobre todo en los primeros años", añadió Taveras.