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Cuentos y Leyendas de Honduras: Voces del más allá

Voy a contarles el caso de José.

José vivió en la capital dedicado a varios negocios, entre ellos el de los electrodomésticos.
José vivió en la capital dedicado a varios negocios, entre ellos el de los electrodomésticos.

San Pedro Sula, Honduras

Cuentos y Leyendas de Honduras: Voces del más allá

Quizás usted habrá escuchado en alguna ocasión, mientras se está quedando dormido, que alguien pronuncia su nombre, y de inmediato se inquieta y se despierta preguntando quién pronunció su nombre en la casa, todos probablemente se negarán. ¿Pero qué es lo que ocurre con las voces del más allá? ¿Qué nos quieren decir? ¿Por qué nos llaman?

Voy a contarles el caso de José. Vivió en la capital dedicado a varios negocios, entre ellos el de los electrodomésticos. Casado con una joven limeña, habían procreado cuatro hijos siendo el mayor de 15 años de edad, la segunda era una niña de 13 y los restantes de 10 y ocho años.

El pequeño llevaba el mismo nombre del padre, José. Josecito era asistido por sus hermanos que le ayudaban a hacer las tareas de la escuela, sus padres lo adoraban porque era un niño atento, educado, inteligente y con un gran corazón hacia sus semejantes. Un día José, el padre, llegó a su casa, saludó y esperó pacientemente en la sala a que su esposa Dina sirviera la cena para todos. Tenían la costumbre de orar dándole gracias a Dios por los alimentos, costumbres que se han perdido en muchos hogares. Todos a la mesa gritó la señora.

La cena está lista. Cuando se servían dijo el padre de familia: –No me lo van a creer, pero unas personas estaban platicando sobre voces que escuchaban por las noches mientras se preparaban para dormir.

Un hombre dijo que alguien lo llamó en su casa, le hablaron en el oído diciéndole su nombre, luego le vino a la mente la idea de que su esposa se enfermaba, inmediatamente se fue a la cocina y encontró a su mujer desmayada.

Pidió una ambulancia y en el hospital le dijeron que la había llevado a tiempo, que de lo contrario ella hubiera muerto, ahora él está seguro de que esa voz le dio el aviso–. Los niños dejaron de comer para seguir escuchando a José: –Una señora amiga mía, que asiste a una iglesia, dijo que esas eran voces del más allá y que cuando uno escuche que pronuncian su nombre debe caer de rodillas y orar profundamente para que no suceda nada en la familia, un muchacho aseguró que a él varias veces le han dicho su nombre cuando se está durmiendo, que nunca le ha puesto interés a esas cosas sobrenaturales y que jamás ha sucedido algo en el seno de su familia. Don Cosme, el que vende queso, también estaba en el grupo, fue de los que dijo que solo una vez había escuchado claramente la voz de su madre muerta que le hablaba por su nombre–.

Después de la cena los niños se entretuvieron mirando televisión, rápidamente olvidaron la conversación de su padre. Doña Dina quedó impresionada y así se lo dejó ver a José su esposo. –A mí ya me han hablado José, no quise decir nada por los niños, varias veces he escuchado una voz que dice mi nombre. –¿Cuando fue la última vez? –Preguntó el esposo– que te hablaron en el oído?– Ella respondió: –No sé qué pensar, pero hace exactamente dos semanas que a mí también me hablaron en el oído, bueno, no es para que nos pongamos nerviosos, a veces la imaginación nos juega algunas bromas–. Transcurrieron los días y la conversación sobre las voces había quedado en el olvido. Una mañana Josecito le dijo a la mamá: –Fijate mamá que es cierto lo que dijo mi papá sobre las voces, anoche oí la voz de mi abuelita que me llamaba–. El rostro de doña Dina palideció pero supo disimular, agarró el celular y llamó a la mamá: –“Mami buenos días... sí se acaban de ir para la escuela... ¿pero usted está bien mamá? ¿Está segura que no tiene nada? No, por nada mamá... siempre me preocupo por usted. Un beso mamá. Chao–.

Después de haber hablado con la mamá, doña Dina se sintió tranquila, cuando su esposo regresó de trabajar en horas de la tarde, le contó lo del niño, lo que había hablado con la mamá y que estaba tranquila. –Me imagino que Josecito se sugestionó con lo que les conté, mejor no vuelvo a abrir la boca para decir esas cosas que les dan miedo. Después de cenar los niños hicieron las tareas, luego miraron televisión hasta las nueve de la noche y se fueron a sus camas, José y Dina hicieron lo mismo. Estaban a punto de dormirse cuando inesperadamente Josecito se les subió a la cama diciendo: –Mamá... mamá... otra vez me habló mi abuelita, me dijo que me portara bien–.

Los papás se rieron, don José lo agarró entre sus brazos y lo llevó a la habitación de los niños, le dio un beso en la frente y las buenas noches. Cinco minutos más tarde sonó el celular de Dina y: –¡¿qué!?... ¡Dios mío!... ¡no puede ser! ¡José, me están avisando que mamá acaba de morir de un ataque al corazón!– Un mes después de la muerte de la madre de Dina, esta le dijo a su esposo: –Mamá vino a despedirse de Josecito, amaba mucho a su nieto, ojalá que nunca en esta familia volvamos a escuchar esas voces del más allá.