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Un vistazo sobre los espejos del Lago de Yojoa

Un recorrido en lancha brinda la oportunidad de conocer este paraíso por dentro.

Un recorrido en lancha brinda la oportunidad de conocer este paraíso por dentro.
Un recorrido en lancha brinda la oportunidad de conocer este paraíso por dentro.

Una gigantesca tortuga verde parece emerger del centro del Lago de Yojoa, pero realmente se trata de una isla tupida de vegetación con la forma del reptil, que es parte de los paisajes avistados durante un paseo en lancha por los espejos de este depósito natural de agua.

El recorrido inicia en Honduyate Marina, un centro orientado a la recreación acuática, al que se accede por la carretera que de San Pedro Sula conduce a la capital. Tras que la lancha comienza a deslizarse sobre las aguas plateadas por el sol de la mañana, aves de diferentes especies y colores se van viendo en las orillas, indiferentes a la presencia de los visitantes.

Otros plumíferos vuelan bajo, a veces rozando la superficie, como el águila pescadora que antes de tocar el agua pone las garras hacia adelante para atrapar a un desprevenido dormilón o un guapote, dos de las especies de peces más comunes en el Lago.

El rey de estas aguas ha sido tradicionalmente el apetecido bass, pero la pesca indiscriminada lo ha convertido en una especie en peligro de extinción, según explica Víctor Manuel Ortiz, guía turístico de Amuprolago, una organización que tiene entre sus fines proteger el Lago.

“Este es el mejor sitio para la observación de aves”, dice Ortiz señalando los garzones blancos de cuello estirado parados entre la maleza que crece en las orillas.

Mucha gente dice que hay que eliminar este monte, mas no sabe que esta maleza más bien sirve como filtro natural de los humedales donde habitan, anfibios, tortugas y nutrias, según dice nuestro guía.

Escaparate natural

La subcuenca del Lago es una de las zonas del país donde más llueve, debido en gran parte a los bosques nublados que crecen a su alrededor. Recordó que el Lago es custodiado por la montaña de Santa Bárbara y el cerro Azul Meámbar. Aquí habitan dos especies de salamandras que no han sido vistas en ningún otro lado, dice. Ambos parques están protegidos por las leyes y en sus altas montañas nace una buena parte del agua que nutre al Lago.

Este es el hogar de unas 300 especies de helechos y unas ochocientas orquídeas entre ellas la Brassavola que es nuestra flor nacional. Pero el árbol emblemático del Lago es el gualiqueme, que forma barreras en el horizonte pintando de color salmón los bosques durante su floración que sucede en esta época.

Toda esta flora y agua sirve de refugio temporal a numerosas especies de aves migratorias procedentes de Estados Unidos y Canadá, por eso el Lago es un escaparate natural para los amantes de las aves.

Para apreciar el Lago por dentro estos turistas suelen embarcarse en Honduyate o en los muelles de los otros hoteles de las orillas.

Se dan gusto fotografiando las diferentes especies de patos migratorios como el patito sol llamado así porque extiende sus alas en forma del astro rey, el pato de ala azul o los patos zambullidores que prefieren hacer sus nidos en los pastizales, entre otras tantas aves exóticas.

En el trayecto avistamos también pescadores furtivos en sus cayucos, quienes viven de la rica fauna que proporciona el Lago. Muchos de ellos no acatan la prohibición de pescar con arpón especies valiosas como el bass cuya presencia ha ido disminuyendo, así como ha ido bajando el nivel de agua de la cuenca.

Los pobladores de las comunidades aledañas se dedican a los servicios de hoteles, restaurantes, transporte en lanchas, también al cultivo de frutas, legumbres y granos básicos. Mientras la lancha va rodeando las islas El Venado, Las Ventanas y La tortuga, se divisa por el oeste una cortina de montañas que los nativos llaman Los cerros de Babilonia.

En realidad son ocho cráteres de volcanes apagados, tan grandes que en uno de ellos puede caber el estadio Olímpico de San Pedro Sula, explica el guía. “Reordemos que el Lago de Yojoa se formó por la erupción de varios volcanes hace millones de años”.

En las islas El Venado y Las Ventanas, se han encontrado objetos de jade y obsidiana, puntas de flechas diminutas y cerámica, las cuales son evidencia de que toda esta área fue, desde tiempos antiguos, un gran ecosistema que atrajo la presencia humana.

Hasta aquí llegaron los cayucos de los mayas, cruzando las aguas doradas del Yojoa, quienes, a la llegada de los españoles ya habían desaparecido dejando este paraíso para disfrute de la humanidad.