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Amazonas, el tour de un hondureño

El hondureño José Rubén Merlo cuenta los desafíos y experiencia de una semana en el Amazonas.

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Portando la bandera y orgulloso de ser uno de los pocos hondureños en el Amazonas, José Rubén Merlo mostró la riqueza de este paraíso natural, entre el peligro de morir y el encanto de la naturaleza.
Portando la bandera y orgulloso de ser uno de los pocos hondureños en el Amazonas, José Rubén Merlo mostró la riqueza de este paraíso natural, entre el peligro de morir y el encanto de la naturaleza.

San Pedro Sula, Honduras.

Las expediciones extremas no son para todos, y mucho menos si estas tienen como destino la selva del Amazonas, la más grande y peligrosa del mundo.

Un hondureño emprendió el desafío, llegó, se enamoró de cada descubrimiento que hizo y sobrevivió a siete días en este recóndito destino entre Brasil, Colombia y Venezuela.

José Rubén Merlo, fotógrafo capitalino y amante de las aventuras, realizó la travesía y retrató con su lente los más inimaginables momentos, con personajes anónimos y animales que solo se pueden admirar en canales de televisión como Animal Planet.

“El 28 de mayo emprendí mi viaje a uno de los sitios más fascinantes del mundo y, a la vez, uno de los más temerarios, un lugar donde reina la belleza natural, el misterio y el peligro, ya que entre sus tierras se encuentran diez de los animales más peligrosos del mundo y sus dominios abarcan seis millones de kilómetros cuadrados”, detalla el expedicionario.

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Pirañas del Amazonas para el almuerzo. Variedad de peces del río fueron parte de los manjares de la selva que saboreó. Las pirañas no faltaron en su menú, que se atrevió a comer con total placer.

Merlo comprobó cómo un río, el Amazonas, proporciona alimento, es vía de transporte y representa el alivio contra el sofocante calor tropical que a diario se siente en la enigmática región.

Convivió con grupos étnicos como los Yaguas y pasó la noche en sus hogares, en casas llamadas malloca, construidas con troncos de madera y techo de palmas secas, “donde observé la noche más maravillosa que he visto en mi vida y el cielo más estrellado”.

El Amazonas tiene un misterio que se respira en todas partes y “sus mujeres son hermosas y auténticas amazonas. Tener la oportunidad de vivir sin comodidades, sin tecnología y casi a la intemperie me hizo sentir revitalizado, lejos de los avances de nuestros tiempos, sin celulares, televisión, aire acondicionado y otras cosas de la modernidad”.

En esa semana, José Rubén no se separó de su cámara fotográfica y sus emociones siempre estuvieron a millón, logrando disfrutar hasta de los sonidos de la selva, que para él fueron una verdadera terapia y entró en perfecta relajación.

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Los rasgos indígenas, los vestuarios y la naturalidad de las mujeres de las tribus que habitan las riberas del Amazonas encantaron al expedicionario.

Disfrutó de cantos de guacamayas, monos, jaguares y muchas de las especies que aún ni han sido estudiadas. “Su gente es cálida. La realidad de la selva supera las películas con verdaderos monstruos acuáticos como el pez pirarucu, caimanes gigantes y la majestuosa anaconda, que impone temor y respeto. Un atardecer en el Amazonas me hizo sentir que realmente Dios existe y disfruté del placer que se siente ser parte de la selva, comer frutos de su tierra y su río”.

Lo fascinante

“Descubrí que el río está infestado de pirañas que se encuentran en toda la amazonía. Es la especie más abundante del Amazonas y también la más temida. La piraña de vientre rojo, con un tamaño no superior a la palma de la mano, y su ferocidad no radica en su longitud, sino en su número”.

Gracias a las tribus que guiaron la travesía, este hondureño descubrió además que las pirañas viajan en bancos de hasta cien ejemplares y que cuando encuentran una presa atacan en masa y que se alimentan de todo lo que nada en el agua o cae en ellas.

“Las pirañas poseen unos agudos sentidos del oído y del olfato, el sonido del chapoteo o el olor a la sangre disparan una reacción en cadena y todo el grupo se lanza contra la presa y lo atacan con sus afilados dientes capaces de arañar el acero”, explica.

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El viajero hondureño hizo este recorrido por la selva amazónica junto con una excursión de especialistas norteamericanos que lo invitaron al recorrido.

Otros dos animales que lo asombraron fueron el depredador tiburón rojo o gayarre. “Las criaturas de la cuenca del Amazonas han evolucionado de la mano de la selva a lo largo de millones de años. Las que habitan en esta zona son expertas cazadoras en las sombras y han perfeccionado el arte del sigilo y el acecho y de la veloz emboscada”, comenta.

El tercer animal que descubrió fue la tarántula negra de Brasil. ¡Grande!, es peluda y con colmillo. Es el arácnido más grande del mundo, llegando a medir hasta los 30 centímetros de diámetro. En la travesía, José Rubén Merlo no podía dejar de conocer la anaconda, quizá, el reptil más emblemático de la selva.

La anaconda verde adulta puede medir los nueve metros y pesar 200 kilogramos o más. “Es una bestia tan inmensa y aun así prácticamente invisible entre la vegetación y las turbias aguas. Viven en los trópicos sudamericanos desde Venezuela hasta el extremo sur del Amazonas, allá donde el agua, cuanto más turbia y revuelta, mejor para camuflarse”, agrega.

Para Merlo, sin duda alguna esta no será la última vez que pondrá sus pies sobre el mágico Amazonas, tierra salvaje con grandes descubrimientos por hacer.