¿En realidad son necesarios los guantes para entrenar?

Cuando hacemos ejercicios las manos sufren con la fricción.

SAN PEDRO SULA.

¿Por qué aparecen los callos y las ampollas?
En ambos casos se producen por una fricción repetida, la principal diferencia es que la ampolla suele salir cuando dicha fricción es un estímulo «nuevo» y la piel no está preparada para ello.

El ejemplo más clásico es el del día que estrenas unos zapatos que, incluso siendo cómodos, tienen una costura o algo que consigue sacarte una ampolla porque tu pie no estaba acostumbrado a ese roce. La naturaleza del callo es distinta, al repetir el roce, tu cuerpo que es muy listo (incluso el de Roberto), entiende que esa zona debe endurecerse para su protección, de ahí la frase «hacer callo».

Las ampollas son engorrosas, pero la buena noticia es que con el paso del tiempo dejan de salir. Los callos, por el contrario, tienen el inconveniente de que no desaparecen al seguir entrenando, sino que se convierten en un compañero fiel.

¿Pueden los guantes solucionar el problema?
El primer día sí. El segundo puede que también. Para todos aquellos y aquellas que paran al sentir el típico calor/enrojecimiento de la palma de la mano, los guantes no van a ser tu solución. El mayor inconveniente del guante es que restan propiocepción y te dan una falsa sensación de seguridad en tu agarre.

En el momento en el que empieces a aumentar los pesos que levantas, si no agarras fuerte y con toda la mano, el movimiento hará que en cada repetición la superficie que está en contacto con tu mano rote un poco, generando una fricción extra. Recuerda que las superficies de las mancuernas y las barras de pesas suelen ser ásperas para evitar que se resbalen.

Este proceso se retroalimenta, quien está haciendo ejercicio siente que eso raspa mucho y trata de evitarlo apretando menos, genera más holgura y el roce es mayor. La fricción se produce con y sin guante y se evita con un agarre firme, no poniendo un tejido entre tu mano y el peso.

Si en tu caso estás empezando a manejar cargas pesadas de verdad, cerca de tu repetición máxima, necesitas todo el contacto posible y que no haya nada que limite tu fuerza de agarre. Meter un guante o unas esponjas por medio en pesos elevados, requiere que tengas mucha más fuerza en tus manos, mayor cuando más se abra el diámetro de dicho agarre.

Si estás pensando que todo esto es rarito, que es un cuento y que los fuertes de tu gimnasio van con guantes… yo te preguntaría ¿a cuántos y cuántas has visto en una competición de halterofilia llevando guantes? ¿Te parece que no están fuertes y que no tienen experiencia levantando peso? En este caso se debe sobre todo al conocido como «hook grip» que precisamente busca evitar el giro de la barra en el interior de las manos restando eficiencia al tirón y, de paso, llevándose la piel consigo.

Si quieres una protección extra, las calleras suelen ser una mejor opción porque es fácil soltarlas y volver a ponérnoslas cuando sea necesario en función al ejercicio que estemos haciendo.

1366_2000.42(1024x768)

Si no quiero tener unas manos estropeadas ¿no puedo hacer entrenamiento de fuerza?
Aunque suene a chiste, hay personas que no quieren utilizar las pesas porque les estropean las manos. Aquí los estereotipos y los prejuicios entran «a chorro» y crean la tormenta perfecta que, lamentablemente, se da mucho más en mujeres que en hombres: hacer pesas va a hacer que me ponga como el increíble Hulk y encima voy a tener unas manos destrozadas… ¿Solución? A la elíptica.

Las decisiones personales son eso, personales. Pero deberías valorar pros y contras y darte cuenta que un poquito de callo no justifica que te pierdas todos los beneficios de un buen entrenamiento de fuerza.

Dicho esto, los callos se pueden prevenir bastante, aunque requiere constancia. Estas serían las pautas básicas:

Hidratación. Es fundamental, todos los días después de entrenar procura hidratar bien la piel con alguna crema de manos. No hace falta que sea alta cosmética.

Prevención. En cuanto detectes que empieza a aparecer alguna dureza utiliza piedra pómez o alguna lima suave para rebajarla, que no crezca. Debe ser un proceso continuo, limas hasta sentir que la superficie está igualada e hidratas inmediatamente después.

Evita pellizcarte o tirar de la piel. Es un acto reflejo, como morderse las uñas o tirar de ese padrastro que cuando lo haces juras que no volverás a hacerlo en la vida, pero tropiezas de nuevo en la misma piedra. Si has eliminado las asperezas y estás con las manos hidratadas, será más difícil que puedas pellizcarte o tirar de alguna piel seca.

Si en tu caso ya has hecho callo y puedes decir que tienes «piedras» en la palma de tu mano, tienes la ventaja de que ya no te dolerán muchas cosas, pero no vas a tardar en tener consecuencias. Un callo tiene una resistencia mucho mayor que la piel que lo rodea, esto ocasiona que en un movimiento brusco, tira de la piel de tal manera que ésta no es capaz de resistir y se abre una herida más o menos aparatosa. Si tienes este nivel de callos, al que idealmente no habría que llegar con las pautas anteriores, lo mejor sería seguir estos pasos:

-Date una ducha o lava tus manos con agua bien caliente para reblandecer la piel. Sécate muy bien.
-Con un cortacallos elimina la piel muerta del callo. Utiliza diferentes ángulos hasta que notes que todo está al mismo nivel.
-Con la piedra pómez o una lima suave, elimina las asperezas o irregularidades que notes. -Dedícale tiempo.
-Hidrata bien y, desde este momento, empieza con las primeras pautas que te hemos dado, no dejando que vuelvan a formarse callos importantes.

Si un callo (o una ampolla) se desgarra, puede que sangres bastante lo cual no es muy higiénico para los que vienen después y van a usar el mismo material. Es hora de parar, desinfectar y curar.

Si eres de los que no puede dejar de entrenar, quizás los guantes sí que sean una buenísima opción para tu entrenamiento del día siguiente, pero es para prevenir el dolor del roce de una herida abierta y como medida de higiene hacia el resto de personas.

La Prensa