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“Mis hijos se quedaron sin padre”: esposa de taxista asesinado

Hodania Alonso, esposa del taxista hondureño asesinado en Tegucigalpa, recuerda al hombre que se ganaba la vida en un taxi para mantener a su familia.

Ojojona, Francisco Morazán, Honduras.

Los hermanitos Odalis y Nelson López, de seis y ocho años, aún no comprenden por qué papá no regresó a casa a cenar, como lo hacía todos los días.

Aún recuerdan cómo se despidieran de él, con un abrazo y un besito la madrugada del pasado jueves cuando salió de su casa en Ojojona, Francisco Morazán.

Sentados en la sala de su humilde vivienda observan fijamente dos fotografías de su papá que permanecen en medio de un pequeño altar con velas encendidas, flores, e imágenes religiosas.

La tristeza y la incertidumbre se han adueñado de sus vidas, al igual que de su madre y abuelo que no paran de llorar.

El silencio priva en aquella casa donde hace solo una semana todo era felicidad.

Así transcurren los minutos en la casa que habitaba Nelson Aníbal López (31), el taxista que la semana anterior fue asesinado cobardemente por cuatro malvivientes en la calle principal de la colonia Altos de la San José de la Vega, en Tegucigalpa, y cuyo crimen quedó grabado en un video que fue divulgado por LA PRENSA.

Un humilde hombre, con mirada triste y rostro desencajado, se presenta como padre del ahora occiso e invita a ingresar a la vivienda. A los pocos minutos ingresa una joven mujer en cuyo vientre se forma desde hace dos meses un bebé.

Se trata de Hodania Alonso y José López, esposa y padre de Nelson, quienes aún lloran el cobarde crimen en contra de su pariente.

“Ella era la esposa de mi hijo, está embarazada y ya tienen dos niños”, dice don José mientras presenta a la humilde mujer.

“Me quedé a la deriva”

Hodania cuenta que hace nueve años se casó con Nelson. “él era un buen esposo, excelente padre y buen hijo, siempre estaba pendiente de nosotros. él trabajaba para mantenernos y que yo solo me dedicara a la educación y al cuidado de los niños”, cuenta.

La dedicación de la madre es tal que la pequeña Odalis, una de las hijas del matrimonio, es parte del cuadro de excelencia académica en la escuela en la que estudia.

“Me quedé a la deriva, mis hijos sin padre y yo sin esposo”, reflexiona mientras se aferra a sus dos niños.

Hodania afirma que la ausencia de su esposo ha sido un golpe fuerte para toda la familia, ya que él era el sustento del hogar, además lo esperaban siempre para cenar todos juntos.

“Él siempre venía a las ocho de la noche, lo esperábamos para cenar, nadie comía hasta que él llegaba”, recuerda.

La falta de un empleo seguro y con un buen sueldo llevó a Nelson a trabajar de taxista desde hace cuatro años para cubrir las necesidades de su familia.

La jornada de trabajo para Nelson comenzaba a las 4:00 am, hora en que salía de su casa, en Ojojona, Francisco Morazán.

Antes de salir a trabajar le daba un beso de despedida a su esposa e hijos, acariciaba el abdomen de su esposa y le decía al bebé que lleva en su vientre “pórtese bien”.

La ahora viuda recordó que Nelson tenía planes de que sus hijos fueran profesionales universitarios y de construir su propia casa, ya que actualmente vivían en la casa de su padre.

Hodania pidió al Gobierno que por favor le brinden ayuda, pues no tiene una fuente que le genere dinero y ahora queda a cargo de sus tres hijos.

El pequeño Nelson, de ocho años, dijo que extraña a su papá, ya que cuando regresaba de trabajar lo primero que le preguntaba era “¿Cómo le fue en la escuela? ¿Ya hizo las tareas?”. “Voy a estudiar mucho para cuidar y ayudar a mi mamá”, dice el pequeño estudiante del tercer grado. Odalis, de seis años, cuenta que extrañará jugar con su papá, ya que después de cenar se iban al cuarto y jugaban los cuatro antes de irse a dormir.

Fue valiente hasta el final

Con sus manos entrelazadas y su mirada fija en sus dos nietos, don José comenta que observó el video del asesinato de su hijo. “Él fue valiente hasta el final, luchó, pero lo malo fue que no pudo quitarse el cinturón, si no otra fuera la cosa”, asegura.

Don José levanta su mirada y reflexiona: “Si mi hijo hubiera sido pícaro, no me extrañaría lo que pasó; pero él era pobre, decente y trabajador, su único mal era jugar pelota los domingos en el campo, no fumaba, ni bebía, ni se metía con nadie”.

“Mi hijo trabajaba duro para traer el alimento, los domingos cuando regresaba del campo se la pasaba jugando con los niños, nunca esperé que pasara esto, pero Dios sabe lo que hace, algún propósito ha de tener”, agregó.

Durante los cuatro años trabajando como taxista, el ahora occiso nunca tuvo problemas, tampoco le comentó a su familia si pagaba extorsiones o si lo habían amenazado, por lo que desconocen quiénes y por qué lo mataron.