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'Me puso la pistola en la cabeza y me dijo: ‘orá por tu vida’”

  • Actualizado: 12 mayo 2016 /

San Marcos, Santa Bárbara, Honduras.

Doña Ángela había jurado que si su yerno Pedro Aguilar quería llevarse de su casa por la fuerza a Jaqueline, tendría que pasar por su cadáver. Unos días después de aquellas palabras, el hombre llegó armado y no solo mató a su suegra, sino también a un hijo y una hija de esta; pero no se llevó a la mujer que lo había abandonado.

Jaqueline Luna estaba encerrada en un cuarto de esa casa de San Marcos, Santa Bárbara, cuando llegó su enfurecido marido con la intención de llevarla por la fuerza al hogar que para ella se había convertido en un infierno.

En uno de sus arranques de ira, Pedro Aguilar, un hombre fornido de escasa cabellera, estuvo a punto de matar a la mujer con la que procreó dos hijos, por eso ella había buscado refugio en casa de su madre unos días antes de que ocurriera la tragedia.

Foto: La Prensa

Después de matar a su suegra Ángela Ramírez y sus cuñados Marlene Anabel Luna y Salomón Edgardo Luna, Pedro Aguilar (sin camisa) huyó en una camioneta negra.
En una ocasión, estando juntos, la tomó del pelo e hizo que se hincara mientras le apuntaba en la cabeza con una pistola. “Orá por tu vida porque te voy a matar”, le dijo, según comentó ella.

Jaqueline, mujer cristiana, le imploró en el nombre de Dios y de sus hijas de seis y dos años que no fuera a cometer semejante barbaridad. Él desistió de hacerlo, pero le advirtió que la mataría si lo abandonaba.

Cuando Jaqueline lo conoció hace diez años, Pedro era un muchacho tranquilo que recién había sido deportado de Estados Unidos, adonde, se dice, estuvo preso.

Foto: La Prensa

Pedro Aguilar es buscado por la Policía.
Luego se dedicó a llevar gente ilegal hasta la frontera con Estados Unidos. Aquel oficio de coyote lo fue transformando en un hombre agresivo que se desquitaba sus amarguras con su humilde compañera.

Este lunes, los primeros rayos del sol comenzaban a calentar la tranquilidad de San Marcos cuando la muerte descendió por una calle hasta la casa de la familia Luna. Allí estaba Pedro Aguilar dispuesto a cumplir su amenaza. Primero llegó desarmado y lo detuvo Daysi Luna, la hermana mayor de Jaqueline.

Daysi se fue para su casa creyendo que había conjurado el peligro, pero recién había llegado a la vivienda cuando escuchó los tiros. El panorama era aterrador en la casa de doña ángela Alvarado.

A la primera que inquirió el despechado fue a Yeni, otra de las hermanas de Jaqueline que se encontraba atendiendo una pequeña pulpería que funciona en la casa de la familia Luna.

La muchacha no le dio razón de Jaqueline, más bien le dijo que se fuera porque “ella ya no lo quiere”. Yeni dice que está asombrada porque no le hizo nada.

El hombre se encaró luego con su suegra que estaba barriendo el patio. Esta también le pidió que se largara y se olvidara de su mujer porque ya no lo quería. Enardecido sacó su pistola automática y le descargó cuatro balazos.

A los tiros, salió por la parte trasera de la vivienda su otra cuñada Marlene Anabel a quien también mató de varios balazos. La tercera persona en caer abatida fue Ernesto Luna, hijo de doña ángela que se encontraba en la sala viendo un programa cristiano.

Cayó con sus manos extendidas hacia arriba. Un niño que se escondió detrás de una nevera asegura que murió musitando una oración. Tras oír los tiros, Jaqueline Luna logró salir del cuarto donde la había encerrado su mismo hermano para protegerla del criminal.

Dice que oyó rugir el carro de su exmarido y salió para tratar de detenerlo. “Salté como loca el cerco trasero. Quería ponérmele enfrente para detenerlo, pero solo logré verle la coleada al carro”. Pedro Aguilar es buscado por la justicia.

Foto: La Prensa

Las balas atravesaron una pared de la sala.