Su esposa le habló palabras amorosas al oído y luego él expiró

José Raúl Martínez recibió un disparo de un guardia de seguridad en La Ceiba.

El amor que Flor y José Raúl se profesaban era admirable. Ella lo amó desde que tenía 18 años.

La Ceiba, Honduras.

Su esposa le susurró al oído que lo quería mientras el vendedor José Raúl Martínez permanecía inconsciente en la cama de un hospital de La Ceiba a consecuencia de los tiros que le infirió un guardia. A los minutos el hombre expiró.

Flor de Martínez tuvo la impresión que su amado solamente esperaba oír su voz para despedirse de este tierra al filo de la medianoche del pasado lunes. Había estado agonizando en esa cama desde la 1:30 pm, cuando fue internado tras ser agredido por uno de los hombres responsables de dar seguridad en la entrada de la colonia Bantral, de La Ceiba.

Las enfermeras le habían dicho a Flor que su esposo no estaba grave de muerte, pero cuando lo vio en estado inconsciente se dio cuenta que no le habían hablado con la verdad. Entonces le dijo al oído “te amo, te vas a poner bien para que volvás a casa”, pero él no reaccionó.

Ese lunes, José Raúl Martínez salió como siempre muy temprano de su casa a cumplir con su trabajo como vendedor de una empresa avícola.

Mientras hacía el recorrido en el camión repartidor acostumbraba a regresar a la casa para desayunar y almorzar comida hecha por su mujer; sin embargo, ese día le dijo a Flor que no llegaría a almorzar porque quería terminar temprano su ruta.

Su trabajo consistía en colocar el producto en las diferentes pulperías y abarroterías de la ciudad en compañía de su ayudante.

Una de las colonias visitadas ese día fue la Bantral en cuya entrada hay un retén de seguridad. Como siempre entró sin ningún problema, pero a la salida se produjo el incidente que le costó la vida.

Matrimonio

A su esposa Flor la conoció en 1993 en el barrio Inglés cuando él trabajaba en una fábrica de cajas para empacar frutas de exportación. Ella llegó a dejarle comida a su hermano que trabajaba allí mismo, y este se la presentó sin mayor protocolo.

“Lo que más me gustó de él fue su sonrisa y su cabello muy lindo y colocho”, comentó ella. A partir de ese momento, José Raúl no la perdió de vista y la esperaba en los lugares adonde sabía que tenía que pasar, hasta que un día se le declaró.

“Ninguna otra mujer ha despertado lo que siento por usted. Creo que Dios la reservó para mí”, le confesó.

Ella tenía 18 años y él nueve años más, pero la química funcionó y al año formaron su nido de amor.

Después de haber tenido su primera hija, él emigró a Estados Unidos con la promesa que volvería para unirse con ella en matrimonio civil y religioso, pues estaban viviendo en unión libre. Dicho y hecho. A los tres años estaba de regreso y después se casaron por lo civil y por la iglesia.

En el norte sufrió como todo indocumentado, pero también fue transformado por El Señor, comentó su esposa. Por eso cuando regresó, su tema en la casa y en el trabajo era Jesús. No hay ninguno de sus clientes que no haya recibido de él un mensaje cristiano.
Conociendo como era, la familia no cree que haya ofendido al guardia.

El incidente se dio porque él, accidentalmente, golpeó la tranca del retén con el camión y eso encolerizó al uniformado, quien lo siguió pistola en mano hasta dejarlo mortalmente herido. Luego se cambió de ropa y huyó tranquilamente ante la vista de todos.

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Una familia feliz había conformado el vendedor José Raúl Martínez.
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Alegre y servicial, así lo calificaban sus amigos y familiares.
La Prensa