Por confiada mataron y violaron a su niña de 7 años

“Me faltó autoridad para rescatarla del peligro”, se lamenta ahora la mujer de 45 años.

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El brutal crimen impactó en Gracias, llamada la Ciudad de la Bendición, porque está libre de la violencia.
El brutal crimen impactó en Gracias, llamada la Ciudad de la Bendición, porque está libre de la violencia.

Tegucigalpa, Honduras

Alumbramiento. Cuando su vientre estaba por jubilarse, María Pilar Vásquez dio a luz a una vivaz niña de piel canela y ojos diáfanos.

Trabajaba como doméstica en una colonia de San Pedro Sula cuando fue embarazada por un vigilante originario de Santa Bárbara, quien negó ser el padre de la criatura.

Entonces, la mujer dejó los oficios ajenos y regresó a su tierra graciana a esperar el alumbramiento. Le puso Scarlet a la pequeña, que nació sanita en el hospital Juan Manuel Gálvez, pero marcada por la tragedia porque a los ocho años fue violada y asesinada brutalmente.

Hasta el momento no se sabe quién se ensañó con aquel angelito cuyo cuerpo fue encontrado desfigurado a cuchilladas el domingo antepasado en un solar cubierto de maleza contiguo a un templo improvisado de la colonia San Francisco, en Gracias.

“Me faltó autoridad para rescatarla del peligro”, se lamenta ahora la mujer de 45 años mientras amamanta al pequeño David, de dos años, el último regalo de su vientre.

Antes de la tragedia anduvo deambulando con los dos niños buscando una posada, sin más recursos económicos que los que le daba la venta al crédito de productos Avon. Algún tiempo estuvieron viviendo en el templo que sirve también como vivienda de la familia del pastor Orlin Padilla. Al fondo del salón donde se hacen los cultos hay unas cortinas de tafetán, detrás de las cuales está el dormitorio en común. Allí estuvieron María del Pilar y sus dos hijos, pasando el temporal de la vida hasta que ella consiguió un cuarto de alquiler barato y seguro en el mismo sector de la colonia.

Es como una especie de vecindad sin vecinos porque los otros tres apartamentos son nuevos y no han sido ocupados. Para entrar en ellos hay que abrir un portón de hierro del que la inquilina tenía su propia llave.

Cuando conseguía algunas fichas, ella se dirigía a la pulpería cercana a comprar algo de comer. Si no tenía, caminaba adonde su vecina doña Julia, a quien ayudaba a echar tortillas para la venta. La niña, como era inquieta, a veces se despegaba de su regazo y se iba a buscar a sus amiguitos, pero ella no se preocupaba porque ¿qué le podía pasar en una colonia tan sana?, dice.

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La niña estuvo en el kínder, pero no pudo continuar la primaria.

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Scarlet le ayudaba a su mamá a cuidar el niño, le cambiaba el pañal y lo dormía.

Mandado

Aguijoneadas por el hambre, madre e hija salieron del cuarto la tarde del viernes 24 de julio y fueron adonde doña Julia, quien le dio a la niña un plato de espaguetis que devoró sentada en un bordillo del corredor mientras María Pilar echaba tortillas.

Doña Julia le pidió a una trabajadora suya que fuera a la pulpería por unas bolsas de plástico que usan para vender las tortillas, pero María Pilar le sugirió que mejor mandara a la niña. Doña Julia accedió y cuando Scarlet regresó con el mandado le regaló un lempira “para que te comprés un bombón”.

Ni corta ni perezosa, Scarlet regresó a la pulpería, donde se decidió por una gelatinita que saboreó dentro del negocio porque era una niña de confianza por su modo agradable.

Mientras chupaba la golosina estuvo platicando con la dueña de la pulpería sobre cosas de cipotes. Le contó que la mamá la llevaría a bañarse el domingo en las aguas termales, pero lo decía más como un deseo, pues no era posible que la señora, tan pobre, se lo cumpliera, comentó la propietaria de la pulpería.

Luego regresó adonde doña Julia y allí estaba todavía su mamá, pero volvió a salir a la calle y no regresó.

Cuando comenzó a caer la noche, la madre comunicó su preocupación a la tortillera. Más tarde, esta le preguntó al verla en la calle si había encontrado a la niña y ella le contestó: “Ahí va a aparecer; me voy a acostar”.

Ni siquiera le pidió que le ayudara a buscarla, comentó doña Julia.

Sin embargo, María Pilar asegura que estuvo buscándola hasta las diez de la noche y no siguió porque se quedó sola en la búsqueda. No durmió esa noche ni la siguiente, sostuvo.

El domingo al mediodía, la mujer del pastor y un hijo de 15 años encontraron el cuerpo entre los matorrales, al pie de dos árboles. Estaban cortando horquetas para sostener un tendal en el lavadero de la ropa cuando el muchacho vio el cuerpo. “Mamá, vení a ver dónde está Scarlet”, dijo el joven, supuestamente creyendo que la niña estaba escondida, aseguró la mujer del pastor, Brenda Alvarado.

Pero ella sospechó que estaba muerta al ver la nube de moscas que sobrevolaban el lugar.

María del Pilar se dio cuenta más tarde al ver la patrulla y los bomberos que hacían el reconocimiento. La señora del pastor siempre le decía a doña María Pilar que no se preocupara, que la niña aparecería, pero nunca imaginó que ultrajada y asesinada.

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María Pilar está viviendo ahora en casa de su hija mayor, que está casada.
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El día que la mataron estuvo “ayudando”, según ella, a aporcar una milpa frente a su cuarto.
La Prensa