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El misterio de la quinceañera que murió dos veces

La segunda vez que sepultaron a Nelsy Yamileth Pérez le volvieron a poner el mismo vestido blanco, pero el mausuleo era otro.

David insiste en que su esposa estaba viva cuando la sepultaron.
David insiste en que su esposa estaba viva cuando la sepultaron.

La Entrada Copán, Honduras.

La segunda vez que lo sepultaron le volvieron a poner el mismo vestido blanco, pero el mausoleo donde la depositaron era otro.

Dos veces se murió la quinceañera Nelsy Yamileth Pérez, según su marido David González, quien asegura que estaba viva la primera vez que fue declarada muerta en el hospital Mario Rivas de San Pedro Sula.

Se había enamorado de ella precisamente en un velorio cuando la muchacha recién había cumplido los 14 años. Se la llevó con el consentimiento de su suegra, María Esperanza Gutiérrez, que la crió sin ninguna ayuda porque el padre murió cuando la niña tenía tres años.

Nelsy abandonó su cuarto grado escolar porque se sentía mayor en medio de sus compañeras debido a que perdió algunos años de estudio por la pobreza de su madre.

La mujer dudó en entregarle su hija a David, pero al fin dejó que se la llevara porque vio que el muchacho estaba siendo sincero cuando le dijo que tenía buenas intenciones y que era “el hombre que Dios reservó para ella”.

Doña Esperanza accedió a que fueran a vivir en una casa escondida del barrio Las Brisas, en los altos de La Entrada, Copán, no sin antes pedirle que la cuidara y no la dejara sufrir.

Desde entonces, David vivió solo para ella. “Cómo no se iba a enamorar si se la entregué virgen”, dijo la suegra.

El marido trabajaba duro reparando a domicilio aparatos de aire acondicionado y refrigeradoras para que a Nelsy no le faltara nada. Un día antes de que ella se enfermara había planeado llevarla a Ocotepeque, adonde viajaría por asuntos de trabajo, pero el destino tenía otros planes.

En la madrugada del 7 de julio presentó un dolor agudo en la cabeza que obligó al marido “a salir corriendo” con ella al hospital de occidente en Santa Rosa de Copán, pero por la gravedad del caso, los médicos la remitieron al hospital Rivas de San Pedro Sula.

“Amor, haga un esfuerzo y tenga fe de que se va a curar”, le decía el joven tratando de darle ánimo dentro de la ambulancia que la trasladó al centro asistencial sampedrano.

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La fallecida mientras besa a su hermana Kensy.


Ella apenas balbuceaba: “Tengo fe”.

Ese miércoles por la madrugada, la paciente, quien además tenía tres meses de embarazo, fue declarada muerta por los médicos debido a un paro cardiaco.

Los doctores dieron la noticia a los familiares. Con su muerte se fueron para David las ilusiones de ver a su primer vástago y desposar a su enamorada con la ley de Dios.

“Después del 11 de enero, cuando naciera el bebé, nos íbamos a casar”, se lamentaba David.

El marido aceptó con resignación la muerte de su amada y se la trajo a La Entrada para su velatorio.

Tras preparar el cuerpo con formalina, le pusieron un vestido de novia de cuello alto que una tía le obsequió después de su boda el domingo antepasado.

Resulta que Nelsy se había probado el vestido ese domingo por pura travesura y dijo bromeando: “Con este me voy a casar”.

Por eso, su tía decidió regalárselo para que se lo pusieran aunque fuera como mortaja, ya que no podría lucirlo para la boda planeada.

Milagro.

En una casa sencilla de Las Brisas se llevó a cabo el velorio que se prolongó hasta las diez de la mañana del día siguiente, cuando el cuerpo fue llevado al cementerio local atiborrado de mausoleos.

El viernes, David y otros familiares volvieron al camposanto para recordar a la difunta que estaba en el segundo piso de un mausoleo doble.

“Qué tal si estuviera viva”, pensó el muchacho y acto seguido subió hasta la fosa sellada y puso el oído sobre el cemento recién endurecido.

Fue en ese momento que escuchó ruidos adentro de la fosa. Alarmado corrió donde el vigilante Jesús Villanueva para que le diera permiso de romper las paredes del sepulcro porque presentía que la muerta estaba viva.

Retiraron primero un bloque lateral y luego se atrevieron a hacer un boquete enfrente para sacar la caja mortuoria. “Estaba intacta”, dijo el vigilante, “no tenía la rigidez de la muerte, más bien parecía más bella”, comentó el marido.

No estaba viva, pero parecía que acababa de fallecer y que en su encierro había luchado con la muerte porque su cabellera estaba alborotada, la diadema la tenía por un lado y el cuello alto del vestido estaba tronchado.

Pero la evidencia más clara de que dio golpes dentro de su caja es que el vidrio de la ventanilla estaba quebrado, asegura el marido. La mamá de la difunta sostiene que Nelsy incluso tenía una pequeña herida en la mano derecha.

Algunos vecinos comentaron que pudo tratarse de un caso de catalepsia, una de las enfermedades más aterradoras y espantosas que pueden existir.

Se trata de un trastorno repentino en el sistema nervioso caracterizado por la pérdida momentánea de la movilidad y la sensibilidad del cuerpo.

En el pasado era bastante común enterrar vivas a las personas que sufrían catalepsia porque la pérdida de la movilidad podía durar horas o días enteros.

Pero si a ella la prepararon con formalina, no era posible que reviviera aunque padeciera catalepsia, que no es más que un estado de coma, comentó el doctor anestesiólogo Víctor Manuel Ramos.

Sin embargo, para David fue un milagro de Dios que quiso darle a la muchacha otra oportunidad de vivir porque se había reconciliado con él antes de morir.

Lamentablemente se perdió esa posibilidad por culpa de los médicos que la declararon muerta, según él cree.

Ahora espera el resultado de la autopsia que Medicina Forense le hizo al cuerpo de la jovencita después de despertar de su sueño y “se volvió a morir”.

Esta vez no la enterraron en el mismo sepulcro, sino en otro, sobre los depósitos que contienen los restos de sus abuelos, después de un velatorio mucho más concurrido que el anterior.

“Pensamos que solamente daríamos café porque nos habíamos quedado sin dinero, pero resulta que hasta sobró la comida porque todos cooperaron, incluso el alcalde Marcio Vega”, dijo David.

Todos estaban intrigados con el caso de la quinceañera que murió dos veces. Hasta se imaginaban oírla gritar: “¡Auxilio, estoy viva!”.

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La familia de la joven Nelsy no encuentra consuelo por lo que le pasó a la muchacha.