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“Se lo dejamos todo a Dios”: hermana de Yeni

El supuesto hechor, quien era su compañero de hogar, se entregó a la Policía para que realicen las investigaciones

Parientes contemplan el cuerpo de Yeni, dentro del ataúd, en la iglesia Casa de Luz, de la Villa Franca.
Parientes contemplan el cuerpo de Yeni, dentro del ataúd, en la iglesia Casa de Luz, de la Villa Franca.

Tegucigalpa, Honduras

Los familiares de Yeni Alejandrina Mejía Padilla (de 29 años), asesinada supuestamente por su compañero de hogar, dicen que le “dejan todo a Dios”

El templo evangélico Casa de Luz, al norte de la capital, en la periférica colonia Villa Franca, sirvió de velatorio para la malograda madre.

Hasta ayer, el principal sospechoso del crimen era José Oswaldo Berríos, el que fue compañero de hogar de Yeni Alejandrina hasta el día de su muerte.

Vecinos de la colonia Altos de las Cascadas, donde ocurrió el femicidio, aseguraron haber visto salir de la casa en la que vivía la pareja a un hombre a bordo de una motocicleta con las características similares a las del sospechoso. Doña Rosmery Mejía, hermana de la víctima, dijo: “No puedo asegurar que fue él el asesino porque yo no lo miré, no queremos hacer nada en contra de él, que todo se quede así”.

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José Oswaldo Berríos fue detenido por la Policía Nacional.

El asesinato de Yeni Alejandrina se perpetró a las 3:30 pm en el patio trasero de la vivienda. “La niña dice que llegó un hombre en una moto, entró a la casa y agarró del cuello a su mamá, dice que mi hermana le dijo: andate para adentro, la niña entró a la casa, y el hombre se la llevó (a Yeni) por la fuerza para atrás de la casa”, narró doña Rosmery.

Después de los disparos, las dos niñas salieron y vieron a su madre ensangrentada, ya agonizando.

Dudas

El hombre huyó en veloz carrera en la motocicleta.

“Un familiar nos contó que la moto que él vio salir de la casa era anaranjada y la que maneja José es roja, por eso nosotros también tenemos esa duda”, comentó la hermana de Yeni.

Al parecer el hombre en ningún momento se quitó el casco, ni tampoco unos lentes oscuros.

José Berríos se entregó a la Policía Nacional, aduciendo que él estaba trabajando y que fue avisado del hecho unas horas después.

Los restos mortales de Yeni, quien cumpliría 30 años el próximo 18 de febrero, fueron sepultados ayer en el cementerio público El Durazno, en la aldea del mismo nombre.