Luis Enrique Reyes tenía cuatro meses de edad cuando su madre lo regaló, acorralada por la pobreza no tuvo más opción. Ahora este joven, de 28 años, quiere encontrarse cara a cara con la mujer que le dio la vida.
Reyes acudió a este rotativo para contar su historia, y su lucha en la búsqueda de su madre. “Donde quiera que esté, quiero decirle que no la juzgo, solo deseo llenar el vacío que un día dejó su ausencia”.
Él dice que la identidad y el origen de una persona son fundamentales para tener una vida plena. “Si algún día logro conocerla, quiero decirle que no la cuestiono”.
Con una mirada triste y voz pausada, Luis recordó que crecer sin padres y familia no le fue fácil. “No sabe cómo he orado, por las noches lloraba intensamente al no tener a nadie. No le guardo rencor, sepa que la busco y anhelo de lo más profundo de mi ser conocerla”.
Hasta el momento logró conseguir un oficio del Tribunal de Menores donde detalla el motivo que llevó a su madre a regalarlo. “En 1985 una humilde mujer, en aquel entonces de 22 años, criaba con esfuerzo a sus tres hijos y se vio obligada por el destino a regalar a su vástago menor de cuatro meses de edad”.
Según datos del expediente, la madre tenía pocos medios para mantener a un niño más, debido a ello, tenía problemas con su padre, quien le ayudaba con los demás niños.
El documento reseña que no podía quedarse con el bebé, ya que vivían muchas personas en una casa y decidió regalarlo a una señora de nombre Pamela, pero esta luego se arrepintió y lo devolvió.
Fue entonces que las autoridades lo enviaron al hogar Aldeas Infantiles SOS, con sede en La Ceiba, Atlántida, centro que le proveyó de las necesidades que su madre no pudo.
Los años pasaron, el niño creció y se independizó. Apenas cumplió la mayoría de edad Luis Enrique Reyes Paz pasó de ser un niño desprotegido a un joven de éxito y ejemplo de superación.
Se graduó de bachiller y está por finalizar la carrera de Pedagogía. Ha emprendido la tarea de volver algún día a los brazos de la mujer que le dio la vida.
Recordó que los momentos más difíciles fueron cuando tuvo que comenzar a trabajar y no tener con quién comunicarse. Su primer trabajo fue en un restaurante en La Ceiba, donde laboró cinco años. Ganaba poco y “para que me dieran la comida trabajaba hasta 15 horas al día”.
Actualmente trabaja con los niños reclusos del Instituto Hondureño de la Niñez y Adolescencia (Ihnfa), donde los orienta para que sean de bien y mejoren su conducta.
El deseo de superación es más fuerte que los inconvenientes que ha sufrido. A diario cuenta su testimonio a jóvenes infractores y les aconseja a que se alejen de los malos caminos.
Luis confiesa que ha sido temeroso, nunca ha tenido vicios ni ha visitado discos. “Se puede lograr mucho confiando en Dios y en nosotros mismos”.
Los trámites
El joven contó que solicitó información en el centro donde creció, pero le negaron los datos. Le manifestaron que no era conveniente que buscara a su familia, pero no se quedó de brazos cruzados y emprendió la búsqueda.
De acuerdo al escrito, Luis nació el 24 de junio de 1984 en el hospital Leonardo Martínez, en San Pedro Sula, y no en Tegucigalpa, como figura en la partida de nacimiento que tramitó en 1993 el hogar donde creció. Con esos datos, Luis tramitó su cédula de identidad, creyendo era la verdadera sin saber la respuesta por qué harían eso.
De acuerdo a investigaciones de LA PRENSA, el nombre de la madre sería María Argentina Reyes Paz.