"Nuestro milagro": Esperanzador relato de hondureño que sobrevivió al covid

Contra todo pronóstico, Manuel de Jesús Martínez (paciente renal, diabético e hipertenso) venció el coronavirus y su familia decidió compartir su historia para llevar esperanza a los hondureños que luchan contra esta enfermedad.

La historia de Jesús Martínez es una luz de esperanza.
La historia de Jesús Martínez es una luz de esperanza.

San Pedro Sula, Honduras.

La joven sampedrana Roxany Jackeline Martínez compartió con Diario LA PRENSA un relato en el que detalla momento tras momento, los angustiosos meses que vivió su famila, cuando su padre Don Manuel de Jesús Martínez (60) se contagió del mortal coronavirus.

El covid-19 que ha matado a más de 3,549 personas en Honduras, no pudo con Don Manuel, que se aferró como todo un guerrero a la vida y contra todo pronóstico venció la enfermedad. Don Manuel es un paciente renal, hipertenso y diabético.

Su hija Roxany decidió contar la historia de su padre con el objetivo de llevar un rayo de luz a todas aquellas familias que luchan contra el covid y además generar conciencia entre la población para que no bajen la guardia y se cuiden más que nunca, haciendo uso de todas las medidas de bioseguridad e higiene para evitar el contagio del virus.

Este es el relato completo:

"Hace 20 años Manuel de Jesús Martínez (nuestro papá), fue diagnosticado con diabetes e hipertensión, a raíz de estas enfermedades, en el 2012 fue diagnosticado con insuficiencia renal crónica, era algo nuevo para nosotros, no sabíamos a los que nos enfrentábamos.

Así pasaron los años, con muchos cuidados en la alimentación, medicamentos y medicina natural, intentábamos evitar que mi padre cayera en hemodiálisis. Fue inevitable, en mayo de 2018 fue la primera vez en que nos tocó ver cómo mi padre se aferraba a la vida, sus riñones no pudieron más y dejaron de funcionar por completo, pasando días enteros de intoxicación ante la negación de dicha enfermedad, no sabíamos si él sobreviviría, pues el riesgo de perder la vida en ese proceso era grande, pero como hombre valiente y luchador, logró pasar la peor parte de la insuficiencia renal crónica terminal, y comenzó el tratamiento que lo puede mantener con bien el resto de su vida.

No pensábamos que algo peor pudiera suceder, al menos no los primeros años, pues teníamos cuidados extremos con su alimentación y sus medicamentos.

Llego el 2020 con la novedad que una nuevo virus amenazaba la vida de muchas personas, la primera advertencia que el personal de la salud nos hacía era que las personas con enfermedades crónicas debían cuidarse mucho más, pues eran los más susceptibles a los estragos que hace este virus. Nuestro padre era una de esas personas que estaban en gran peligro ante esta amenaza.

Logramos mantenerlo a salvo durante los siguientes 3 meses de pandemia, en la unidad de hemodiálisis les hacían una prueba cada semana para detectar pacientes con covid, Don Manuel siempre salió negativo en todas, el 3 de julio del 2020 comenzamos a sospechar lo peor pues él empezó con una ligera fiebre, y seguidamente toda la familia empezó a tener los mismos síntomas, al día siguiente hablamos con el nefrólogo y le indicamos todos los síntomas pero que las pruebas eran negativas, así que el doctor indicó hacerle una Rx de tórax, a pesar de todas las pruebas rápidas negativas, la Rx arrojaba una leve neumonía, inmediatamente fue trasladado hacia el área de pacientes renales con covid y asi empezó la odisea, se comenzó el tratamiento adecuado, todo aparentemente marchaba bien.

El 9 de julio, se le llevó a triaje por la mañana a consulta normal, la doctora que lo atendió noto que su saturación no era normal, estaba en 91, la doctora nos sugirió dejarlo hospitalizado en ese momento, porque ella advertía que posiblemente esa saturación bajaría mucho más, pero nuestro papá no tenia síntomas, además que no es primera vez que envían pacientes a covid cuando no es covid lo que están sufriendo.

Una decisión difícil

Sus pruebas en sangre seguían saliendo negativas, a lo que decidimos llevarlo a casa, ante el miedo que todas las personas sienten de ser hospitalizados. Ese día era el cumpleaños de mi hermano mayor (su hijo), teníamos pastel y comida preparada para la noche, todo marchaba bien, pero de repente a nuestro papá empezó a faltarle más y más el aire, su presión arterial sobrepasaba los 200, sentía que no podía respirar más, en medio de lo que sería un rato agradable, tuvimos que tomar la decisión más difícil, llevarlo al hospital sabiendo que no teníamos la certeza si lo volveríamos a ver con vida o no.

Decidimos llevarlo, nos convencimos de que era la única opción que teníamos, que era peor no hacerlo, al llevarlo a la emergencia del seguro social, fue inmediatamente atendido, su saturación estaba en 85, le administraron 10 litros de oxígeno por minuto con mascarilla de reservorio, el color regresó a su cuerpo, lograron controlar su crisis. Luego de muchas horas en emergencia y ser ingresado, le asignaron un piso y su camilla. Nos despedimos de él y lo acompaños hasta donde fue permitido, con lágrimas en sus ojos dijo que todo estaría bien, que una vez más iba a salir victorioso, nos demostró fortaleza para que no nos preocupáramos, nuestra prueba más grande de fe había comenzado, convocamos a miles de personas a orar por la vida de nuestro papá, no hubo dia en el que no dobláramos rodillas rogándole a Dios que le diera una oportunidad más.

Pasaron los días, tuvo que estar en covid 2, donde estaban las máquinas de hemodiálisis del IHSS y también los pacientes más graves, La neumóloga había leído sus exámenes y nos comunico que teníamos que estar listos, porque los pacientes renales que sufrían covid, no sobrevivían.

Con él nos comunicábamos por teléfono, el siempre se entretuvo con su tablet y celular, era la única manera de no ver lo que sucedía a su alrededor: Pacientes que morían a su alrededor, él narra como escuchaba los quejidos de las personas, como las enfermeras corrían a dar golpes en sus espaldas, y hacían todo lo que estuviera en sus manos para salvarles la vida, para luego escuchar el silencio, y es que la persona ya había fallecido.

Él seguía necesitando mucho oxígeno para sobrevivir, la desesperación lo invadía, no podía estar ni un minuto sin oxígeno. Nos decía por mensaje que él estaba bien, que no nos preocupáramos, pero la realidad era muy diferente.

Depresión

El 21 de julio nos dieron la noticia de que ya había pasado lo peor, y que le darían de alta para poder llevarlo a casa, pero siempre ocuparía oxígeno, comenzamos a hacer una colecta para poder comprar oxígeno, y asi poder mantenerlo en casa, le teniamos un pastel y le decoramos de bienvenida, estábamos muy felices, fuimos por él, pero su apariencia no era la mejor, y es que no se sentía bien, tenia 14 días de no dormir, porque si se dormía creía que no iba a despertar, el solo quería descansar, había entrado en un cuadro de depresión severo, y se negaba a dormir en casa, recurrimos a la ayuda de una psiquiatra, la cual lo visitó en casa, se dio cuenta que estaba pasando por estrés postraumático y un cuadro de depresión, entonces nos recetó medicamentos muy costosos pero que marcarían una gran diferencia.

Pero tres días después, no mirábamos mejoría, sino todo lo contrario, estaba necesitando mucho flujo de oxígeno, y se descompensaba, cualquier movimiento significaba un paso hacia la muerte para él, decidimos llamar al 911 porque ya no podía respirar ni con oxígeno.

Nuevamente el 24 de julio fue ingresado de emergencia, el mismo protocolo que la primera vez, pero esta vez los exámenes arrojaban otro dato, aparentemente mi papá había sufrido un infarto durante estuvo en casa. La TAC nos indicaba que sus pulmones estaban endurecidos, solamente tenia el 90% de sus pulmones comprometidos. Nos dijeron que nos prepararamos para lo que se viniera, pues en cualquier momento podría sufrir un paro cardiorespiratorio, sus niveles en sangre estaban demasiado alterados, el cuadro era aun peor que la primera vez. Con lagrimas en nuestros ojos lo vimos ir, pero esta vez, pensábamos que seria la última vez que lo veriamos, nosotros no le decíamos nada de los diagnósticos que los médicos nos daban a nosotros sus familiares.

Pasaron los días y el seguía aferrado, todos los días nos manteníamos en el porton de covid para poder enviarle ropa, o algún antojo que él nos pedia, no podíamos verlo, pero si hacerle saber todos los días que no lo dejaríamos solo nunca.

El pronóstico para mi papá se había vuelto reservado, su saturación se mantenía en 70, a pesar de todo solo le quedaba esperar que los medicamentos le hicieran efecto, pues aunque su saturación estaba de esa manera, el no era candidato para UCI.

Los médicos nos dijeron que ya no podían hacer nada más, así fue como decidimos armar una colecta grande para poder equipar la habitación y seguir luchando con él en casa, la gente se solidarizó mucho con nosotros, pues mi papá se ganó el cariño de muchas personas a lo largo de su vida, nos prestaron tanques de oxígeno, nos hicieron llegar manómetros, y todo lo necesario para ayudarlo a virir, porque él si quería seguir viviendo, y como familia no nos íbamos a rendir.

Decidimos sacarlo de hospital, su saturación rondaba los 40 el día que fuimos a sacarlo, no entendía como con esa saturación podía seguir vivo, y aparentemente los últimos días, no estaba siendo bien atendido porque había sido trasladado del área covid, a medicina de hombres, el trato no era el mismo ni mucho menos los cuidados.

En casa estaría mejor cuidado, y asi comenzamos el mes mas largo de nuestras vidas, el 10 de agosto llegó a casa, con todos los medicamentos indicados, decidimos continuar, mi papá seguía sin querer dormir, llegó a consumir 20 litros de oxígeno, consumía 2 cilindros grandes diarios, y las secuelas de aquella enfermedad se hacían presentes, una tos crónica que no podía parar.

Tuvo grandes crisis en las cuales pensábamos que ya no sobreviviría, una de esas tantas noches se complicó y tuvimos que dejarlo en manos de un médico emergenciólogo que lo arrebató de las manos de la muerte, ese día, supimos que Don Manuel tenia grandes propósitos en esta vida.

Ganas de vivir

Ya estaba sufriendo alucinaciones, a lo cual la psiquiatra que lo visitaba nos alertó que esas no eran buenas señales, decidió incrementar las dosis de medicamentos para que por fin pudiera dormir y no peleara mas con el sueño. La psiquiatra nos dijo algo muy poderoso: "Don Manuel nunca ha mencionado la muerte, ya verán como se va a recuperar, las ganas de vivir de una persona pueden destruir cualquier mal pronóstico".

Los días pasaban y tenia leves mejorías, comia más, hablaba un poco más, pero también volvía a tener crisis, hubo un punto en que como familia decidimos avisarle a sus hermanos que se despidieran de él, porque no sabríamos si pasaría la noche.
Las partes mas difíciles de todo esto, era tener que trasladarlo a sus hemodiálisis, ya que el no podía moverse por si solo, dependía de cilindros grandes de oxígeno y no lograba mantener un patrón respiratorio adecuado, las enfermeras de la unidad de hemodiálisis trataron siempre de darle el mejor trato que púdieran, pues era el paciente más delicado que tenían y de los pocos pacientes renales que habían sobrevivido.
Esperábamos que nos llamaran de la orquídea blanca, que es el lugar del IHSS donde hacen terapias para los pacientes post covid, porque sabíamos que esa era la única manera en que el podría volver a tener una mejoría significativa.
Fue mejorando poco a poco, requería menos oxigeno, podía dormir un poco más y con más tranquilidad, llego el día en que por fin iría a terapia, trasladarlo era muy difícil pues él no podía caminar, y dependía de oxígeno, los doctores evaluaron su caso y al ver las imágenes de los exámenes, no podían con el asombro, pues no se explicaban como podía estar vivo con el daño tan severo que el covid había dejado en sus pulmones, su diagnóstico era fibrosis pulmonar, nos dijeron que él usaría oxígeno de por vida, pero con terapia podría llegar a necesitarlo menos.

Milagro

Después de semanas de terapia, él comenzó a tener mucha mejoría, ya podía caminar, y poco a poco, pudimos ver como no volvia a necesitar más oxigeno, el milagro ya estaba hecho.

Fueron casi 3 meses en total entre enfermedad y recuperación, ningún médico pudo explicar la recuperación repentina de mi papá, y para sus amigos y familia, la única explicación es Dios. La foto a continuación tiene dos días de haberse tomado.

Luego de casi 7 meses de todo aquel amargo momento, hoy sigue sin necesitar oxígeno, sus niveles en sangre están perfectos, y sus hemodiálisis cada dia lo hace estar mejor".
La Prensa