Voluntario construye primer jardín japonés en San Pedro Sula

Será un sitio de meditación planteado con el concepto y la filosofía de las tradicionales casas de té

Una olla de bronce formará parte de la fuente en la cual se lavarán los visitantes antes de entrar a la casa del té “para purificar el cuerpo y el alma”
Una olla de bronce formará parte de la fuente en la cual se lavarán los visitantes antes de entrar a la casa del té “para purificar el cuerpo y el alma”

San Pedro Sula, Honduras

Dentro del jardín japonés que construye Tamotsu Tangu, ingeniero paisajista, en la plaza Techos Verdes de la colonia El Barrial, funcionará la casa del té que servirá como refugio para la paz interior del visitante.

Nada de chatear ni alzar la voz en este remanso de paz, que resalta la belleza de la naturaleza, evitando, en lo posible, cualquier elemento artificial, explica el ingeniero nipón, quien va por el mundo construyendo estos jardines tradicionales de una cultura milenaria.

Durante seis meses trabaja en una compañía que tiene en Canadá para diseñar y construir jardines japoneses y el resto del año viaja por el mundo haciendo esa misma labor; pero como voluntario.

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Una olla de bronce formará parte de la fuente en la cual se lavarán los visitantes antes de entrar a la casa del té “para purificar el cuerpo y el alma”.

En Canadá fue contactado por la administradora de la plaza Techos Verdes, ángela Stassano, para que la apoyara en este proyecto, que por primera vez se realiza en la ciudad. Se trata de un jardín espiritual, estrechamente relacionado con la naturaleza, en el que cada elemento tiene su propio significado; por ejemplo, contará con un cerco plateado “que divide el mundo terrenal del mundo interior en el que se respira la tranquilidad que trae salud y fortaleza”.

Para llegar a la casa del té, el visitante debe recorrer a pie un camino empedrado bordeado de plantas tropicales y rocas que simulan montañas. Durante el recorrido no es posible ver el jardín en su conjunto porque van surgiendo elementos atractivos que atrapan la atención de los huéspedes de esta singular obra de arte. Su creador está plasmando la filosofía japonesa en cada uno de los elementos que la componen, como un puente sobre un mar simulado con infinidad de pequeñas hojas. Es un puente para alcanzar el mundo espiritual en donde están los dioses, según la creencia budista adoptada por los japoneses.

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El de San Pedro Sula tendrá más vegetación tropical que los de otros países. Cada piedra y cada detalle de la obra tienen un significado.

Cerca de la entrada a la casa del té se construye una fuente de agua para que el visitante se lave las manos y la boca, tomando en cuenta que el aseo no solo debe ser físico, sino también espiritual.

Luego pasa a una antesala en donde puede escuchar el cantar de los pájaros o ver la caída de las hojas mientras espera que lo llamen para entrar. El ingreso se hace agachándose por una puerta pequeña, como una forma de demostrar que todos somos iguales. “Hasta un arrogante samurái tendría que agacharse y dejar afuera su sable”, dijo el oriental. No se trata solo de tomar el té, sino de conocer el proceso de cómo se invita a disfrutarlo.

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El japonés ha fabricado varios jardines en diferentes partes del mundo.
La Prensa