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Marixa Arauz se hizo bombera a los 14 años para cumplir una promesa

Tuvo que suspender sus estudios universitarios porque no le ajusta el tiempo para su trabajo y sus hijos.

Le ha tocado atender partos en ambulancias camino al hospital. Cuando comenzó en los bomberos le tocaba hasta lavar sanitarios, ahora es toda una sargento que aspira a ser oficial. Foto:  Franklin Muñoz
Le ha tocado atender partos en ambulancias camino al hospital. Cuando comenzó en los bomberos le tocaba hasta lavar sanitarios, ahora es toda una sargento que aspira a ser oficial. Foto: Franklin Muñoz

San Pedro Sula.

Para cumplir una promesa que hizo a su hermana moribunda, Marixa Arauz se convirtió en una heroica integrante del Cuerpo de Bomberos de San Pedro Sula.

Resulta que Esmeralda, su hermana mayor, fue secuestrada y luego violada en Cofradía hace algunos años, razón por la cual tomó la determinación de suicidarse.

Quizá Esmeralda se hubiera salvado después que ingirió una dosis de insecticida, pero cuando la familia buscó una ambulancia para trasladarla a San Pedro Sula no había una ni en la Cruz Roja ni en el Cuerpo de Bomberos. Fue entonces que Marixa, quien entonces era una niña, le prometió a Esmeralda en su lecho de moribunda que sería bombera para salvar vidas como la de ella.

Mientras ayudaba a sofocar un incendio en una maquila, sin equipo de respiración ni casco, le cayó un bloque de concreto en la cabeza que la dejó inconsciente.

Recién había cumplido los 14 años Marixa cuando ya estaba enrolada en el Cuerpo de Bomberos de Cofradía, como voluntaria, mientras estudiaba en un colegio de esa comunidad. Energías no le faltaban, pues desde muy pequeña se iba con sus hermanitos al río Manchaguala, después que hacía sus tareas, a ayudar a cargar las volquetas que llegaban por arena y piedras.

Para lograr ascender, el año pasado, al grado de sargento tuvo que pasar muchas dificultades y afrontar los riesgos de cualquier bombero varón. Recuerda que una vez que fue con sus compañeros a Ticamaya a rescatar el cuerpo de un ahogado en el río, tuvieron que velarlo pácticamente, en espera que llegaran los forenses a hacer el reconocimiento de ley.

Al no lograr el rescate, los raptores de su hermana la dejaron abandonada en el parque de Cofradía. La habían violado, por eso tomó el veneno.

Después que sacaron el cadáver a la orilla lo ataron a un árbol para que no se lo llevara la corriente. Así lo tuvieron hasta que llegó Medicina Forense. Luego ella se fue a la casa a preparar la comida de sus dos hijos, uno que está en la escuela y otro en el colegio.

Como paramédica, diplomada en la Universidad Católica, ha asistido partos dentro de una ambulancia o a heridos por la violencia en zonas peligrosas.

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Es “padre y madre” de dos varones.

Cierta vez que llegó en la ambulancia al asentamiento Vida Nueva, de Cofradía, para transportar a un herido de machete, se topó con los sujetos que lo habían agredido, quienes evitaron que lo socorriera. “Si tratan de llevárselo, aquí también se quedan ustedes”, les advirtió uno de los sujetos, integrante de una mara.

“Como somos bomberos, no policías, salimos sin ver hacia atrás, no volvimos a saber del herido”, relató. Aunque esté de vacaciones o en su día de descanso, la sargento Arauz debe  tener encendido su celular “por si hay un incendio y me llama mi capitán”.

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En cierta ocasión le tocó auxiliar a su propia madre, agobiada por enfermedades. Recién falleció.