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Se mueve en silla de ruedas, pero su espíritu está de pie

Tras recibir un disparo en el cuello, Carmen Diosana Castillo Murillo perdió la capacidad de caminar, ahora sorprende por su perseverancia.

Desde hace tres años atiende a sampedranos en alcaldía.
Desde hace tres años atiende a sampedranos en alcaldía.

San Pedro Sula.

La vida de Carmen Diosana Castillo Murillo (de 37 años) dio un giro de 180 grados al ser baleada por un asaltante y perder la movilidad de sus miembros inferiores quedando resignada a usar una silla de ruedas.

La tragedia ocurrió cuando apenas tenía 23 años, situación infortunada que interrumpió de golpe su carrera universitaria en la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH) y su trabajo en una empresa sampedrana.

Al principio todo fue oscuro, la joven quien siempre vivió bajo la fe y principios cristianos se enfrentaba a una prueba de fuego. Tuvo recaídas emocionales y fue intervenida en múltiples ocasiones, una de ellas fue una traqueotomía para reconstruir sus cuerdas vocales y parte de la garganta por donde pasó la bala.

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Carmen Castillo es una mujer de fe que asiste a la iglesia de Cristo Ebenezer.

La recuperación primaria duró poco más de un año. Asistió primero al hospital Mario Rivas y luego al Seguro Social en Tegucigalpa, pero lamentablemente el diagnóstico final fue que usaría silla de ruedas para toda la vida.

“El impacto fue grande porque yo estaba relativamente joven, estaba estudiando y no tenía vicios. Mi familia tuvo que hacer varios cambios en la infraestructura de la casa. Yo solo tengo hermanos varones y era bien difícil el acceso y traslado hasta el baño, me deprimí mucho, no quería que nadie me viera, creí que se me habían acabado todas las oportunidades”, dijo.

Sin embargo, Carmen se armó nuevamente de confianza y su autoestima subió. Al final aceptó su condición.

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Junto a todo el equipo de la alcaldía celebró su cumpleaños 37. Afirma que Armando Calidonio y Lilia Umaña han sido grandes jefes con calor humano.

Fue así que con ayuda de una computadora, se inscribió en un curso en línea de atención al cliente en el Instituto Nacional de Formación Profesional (Infop); instrucción que culminó con éxito.

Para su sorpresa, mediante una base de datos del Infop, fue seleccionada para laborar en un banco mediante un programa piloto de inclusión, algo que hizo que Carmen volviera a tener esperanza.

“Me emocioné muchísimo y gracias a Dios lo conseguí. Hicieron todas las remodelaciones para que yo pudiera hacer uso de las instalaciones, en los baños, en la cocina, parqueo y hasta me acomodaron el escritorio a mi nivel, eso fue increíble. Mi experiencia en el programa duró seis meses”, comentó.

Luego, a través de un programa de donación de sillas, conoció a las autoridades de la alcaldía, quienes le ofrecieron trabajo de atención al cliente en la recepción de la comuna, donde actualmente atiende con una sonrisa a los sampedranos que van a realizar gestiones.

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Su pequeña hija Valeria y su madre María del Carmen son su inspiración.