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Amor y Vida, hogar para niños con VIH, a punto de cerrar por falta de fondos

Fundación para menores con VIH a punto de cerrar por falta de fondos

La mayoría de los menores del hogar no tienen familia
La mayoría de los menores del hogar no tienen familia

San Pedro Sula, Honduras.

La Fundación Amor y Vida se convirtió desde hace casi tres décadas en un hogar para aquellos niños y jóvenes portadores del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), a quienes la sociedad y hasta su propia familia les han dado la espalda.

Son 29 los menores que alberga la institución, la mayoría sin padres que se hagan cargo de ellos, por lo que son los empleados de la institución y los mismos compañeros de la fundación quienes se terminan convirtiendo en su núcleo familiar.

María Iris Ríos, directora de la organización, refirió que Amor y Vida trabaja con el firme propósito de que todos los niños que lleguen, reciban preparación educativa y habilidades que les permitan salir adelante a pesar de las circunstancias.

“Tenemos 20 niños estudiando actualmente, desde preparatoria hasta la universidad, donde hay tres. También hay dos chicos en la Escuela de Música Victoriano López y uno de ellos ganó un concurso de ópera”, explicó Ríos.

Sin embargo, pese a la noble y ardua labor que realiza la fundación, no recibe el apoyo económico necesario, lo cual es una amenaza para un posible cierre.

“Estamos operando en número rojos, si la situación no mejora en un año, estaríamos cerrando”, agregó Ríos.

Para solventar algunos de los gastos, los muchachos elaboran muebles de madera rústica en un taller de carpintería que fue construido en el predio y actualmente gestionan la creación de un taller de costura para hacer prendas para el hogar.

Un abrigo.

Para Andrea Cruz (22 años), Amor y Vida es sinónimo de abrigo. Llegó cuando tenía seis años, sin nadie que en ese momento velara por ella y su futuro, pero gracias al apoyo de la institución está labrando un futuro prometedor.

Estudia la licenciatura de Mercadotecnia y su anhelo es llegar a tener un negocio de café o un restaurante para poder retribuir a la fundación un poco de lo que le ha dado. “Si no hubiese venido aquí, quizá no tendría educación y tampoco un techo. Me han inculcado además valores y mucho cariño”, expresó la joven.