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Daniel vive con un síndrome único y apegado al arte y la cultura

Siempre quiso saber cuál era su identidad biológica, hasta que encontró al médico que se la descubrió.

Pasa gran parte de su tiempo leyendo en la biblioteca del Centro Cultural Sampedrano. Fotos: Yoseph Amaya
Pasa gran parte de su tiempo leyendo en la biblioteca del Centro Cultural Sampedrano. Fotos: Yoseph Amaya

San Pedro Sula, Honduras.

Desde niño, Daniel Gerardo Martínez sospechaba que padecía de un raro mal porque tenía un aspecto físico que provocaba la burla de sus compañeros.

Además, “cuando miraba que solo en los hospitales pasaba me preguntaba: ‘porqué me traen aquí tan seguido’”, dice Martínez, quien ahora tiene 48 años. Una de las operaciones que le practicaron fue para desenrollarle sus pequeñas orejas, que parecían de gato, recuerda.

Sin embargo, dentro de aquel pequeño de figura encorvada, mandíbula pequeña tirada hacia atrás y cabeza deforme había un potencial de aprendizaje que los libros y las clases de música pusieron al descubierto. Tenía solo nueve meses de haber nacido cuando comenzó a canturrear el himno nacional después de escuchar a su padre tararearlo.

Durante una estadía en México, en los albores de su infancia, sacó a relucir su talento artístico al escuchar a los grandes de la música clásica como de la música popular. Al regresar a Honduras fue matriculado en la escuela de música, adonde sobresalía como uno de los mejores alumnos. Sin embargo, su madre lo sacó porque su maestra lo trataba como si fuese un retardado.

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Pese a las limitaciones que le impone el síndrome, lleva una vida relativamente normal. Tiene en mente crear una fundación para ayudar a personas con raros padecimientos.

Pese a las limitaciones de su extraño padecimiento y a las alteraciones de personalidad, logró graduarse como licenciado en Arte con Orientación Musical.

Estaba trabajando como profesor en la Universidad Católica cuando un equipo de estudiantes y médicos de ese campus descubrió que Martínez padecía de un síndrome único en el mundo.

Después de que la revista científica Journal of Medical Case Reports de BioMed Central, con sede en Londres, Inglaterra, publicó el 13 de junio de 2016 los resultados de la investigación, instituciones afines y medios de comunicación del mundo se interesaron en el caso. El síndrome fue bautizado como Ramos-Martínez.

El nombre corresponde al primer apellido de Héctor Miguel Ramos, líder del grupo de investigación médica de la Universidad Católica, y al primer apellido de Daniel Gerardo Martínez Irías. La persona que sufre el síndrome se caracteriza por presentar malformaciones faciales, huesos adicionales en el cráneo, alteraciones de la personalidad, cierto grado de sordera, espalda encorvada, hernias inguinales y problemas cardiacos. Ahora, Martínez dice que “si Dios no me hubiera dado este don, hubiese terminado literalmente loco, ya que la música es el ángel que me acompaña”.

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Fue salmista de la iglesia San Vicente de Paúl y toca el piano en diferentes iglesias de la ciudad. Puede ejecutar 25 instrumentos.