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Las costureras que visten a los enfermos en San Pedro Sula

Los familiares le quitan la ropa que trae el paciente y las enfermeras le ponen la del hospital. Algunos mueren con ella puesta

La confección comienza con el corte de la tela que el hospital adquiere en grandes cantidades. Fotos: Amílcar Izaguirre
La confección comienza con el corte de la tela que el hospital adquiere en grandes cantidades. Fotos: Amílcar Izaguirre

San Pedro Sula, Honduras.

Más allá del trajín del hospital, adonde no se escuchan los quejidos de los enfermos, tres mujeres confeccionan las batas que muchos pacientes del centro asistencial llevarán puestas cuando sean llevados a enfrentarse con el bisturí.

Una de ellas es Silvia Martínez, quien hace 20 años se empleó como costurera en el hospital Mario Rivas, después de haber trabajado en una maquila.

La acompañan en esa labor Isabel Maldonado y Martha Llasmin Izaguirre, quienes igualmente “se parten la espalda” frente a las máquinas industriales para que siempre estén dispuestas, no solo las batas de los pacientes, sino también las de los cirujanos, lo mismo que la ropa de cama.

Hasta toallas para que se limpien las manos los médicos confeccionan las tres costureras.

El incesante ruido de las máquinas Singer no resta tranquilidad a la sala donde las tres mujeres cortan y unen las piezas de tela con el fondo de la música cristiana que surge del radio portátil de Silvia.

Ella dice que es feliz en ese lugar apartado del mundo porque no hay nada que la perturbe. Solamente un aire de muerte suele invadir aquel ambiente cuando son sacados los cadáveres de la morgue cercana para ser entregados a sus familiares o llevados a un cementerio sin nombre cuando no hay quien los reclame. En ese trance también están las sábanas que salen de la costurería del hospital.

Todas las prendas tienen bordadas las letras iniciales del nombre del hospital para evitar que desaparezcan en manos de los mismos pacientres. Sin embargo, muchos de estos las dejan tiradas en las letrinas o las queman, después que abanadonan el centro asistencial, se quejan las obreras.

En la morgue se pierde ropa de cama cuando son sacados los muertos envueltos en sábanas, no obstante que estas se pueden esterilizar para ser reusadas.

El trabajo de las costureras pasa desapercibido en el centro asistencial, donde lo más importante pareciera es salvar vidas. Muchos criticones no toman en cuenta que “si no hay ropa no trabaja ni el médico ni la enfermera”.