Úrsula Oswald Spring: “Huracanes y sequías serán más fuertes y frecuentes”

La investigadora mexicana insta a que Mesoamérica tenga la capacidad de colaborar más en las alertas tempranas y evacuaciones

Úrsula Oswald Spring estudió Medicina, Psicología, Filosofía, Lenguas, Computación, Antropología y Ecología. Cuenta con un doctorado en Antropología Social con especialidad en Ecología.
Úrsula Oswald Spring estudió Medicina, Psicología, Filosofía, Lenguas, Computación, Antropología y Ecología. Cuenta con un doctorado en Antropología Social con especialidad en Ecología.

San Pedro Sula, Honduras

Úrsula Oswald Spring, antropóloga social y ecóloga, profesora investigadora en el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM/UNAM) en Cuernavaca, México, conversó vía Zoom con Diario LA PRENSA sobre por qué Mesoamérica es una de las regiones más vulnerables al cambio climático en toda América, y qué puede hacerse para aprender a vivir en las condiciones climáticas más adversas.

¿Qué factores convierten a Mesoamérica en una de las áreas más vulnerable ante el cambio climático?

Somos la región más expuesta en términos climáticos en toda América. México en particular ha tenido el mayor número de eventos extremos durante los últimos 20 años. Claro, la pregunta es ¿por qué? y allí vamos a nuestros océanos, porque tanto Centroamérica, como México, estamos entre dos océanos que empiezan a calentarse. El calentamiento de los océanos altera los vientos alisios, los vientos que vienen, por una parte, hacia el continente y por otra parte pasan por el Pacífico.

Entonces, hay dos fenómenos muy serios. Por una parte, el año pasado tuvimos un año, La Niña, obviamente el Pacífico se estaba enfriando y, por lo tanto, los vientos alisios llegaron de manera bastante violenta hacia la parte sobre el continente y por lo tanto tocaron Honduras, El Salvador y Guatemala, y es realmente encima cómo la masa del mar es mayor, el calor es mayor, o sea, la evaporación es mucho más grande y por lo tanto tenemos nubes mayores y precipitaciones más grandes.

Desde la parte del Atlántico, por el Caribe, nos pegaron estos vientos, mientras que por otra parte, condiciones anticiclónicas en un momento dado pueden llegar. Toda la parte sobre el Pacífico con gran sequía, por lo tanto, incendios forestales, enorme destrucción de los cultivos, problemas alimentarios, pérdida de cultivos; y por otra parte, las inundaciones y exceso de lluvia, vientos huracanados muy fuertes. Por esa razón, no solo tuvimos dos huracanes en 15 días, sino que todo el alfabeto de huracanes y después llegó el alfabeto griego, o sea, cinco más. Nunca habíamos tenido tantos eventos extremos como en 2020 y es resultado de lo que se llama cambio climático.

¿Por qué es importante la Cumbre Mundial del Clima que organizó Estados Unidos?

Es tan importante la reunión que tuvo el presidente Biden, porque por fin Estados Unidos logró aliarse con China, Europa, Rusia y Brasil también se comprometió para 2050 de estar neutro y todo esto nos va a por lo menos mantener la cantidad de gases de efecto invernadero que ahorita tenemos en la atmósfera, y esos sí se están alterando, porque generan una capa encima de nuestra Tierra que se llama efecto invernadero y por lo tanto la temperatura aumenta,el reflejo del sol se va directo y es como un invernadero que normalmente usamos para los cultivos, que es mucho más caliente y eso es lo que está pasando a nivel global. Desgraciadamente Centroamérica y México estamos más expuestos.

¿Qué tan frecuentes se volverán estos fenómenos extremos?

Los estudios del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) indican que sí vamos a tener no solamente más frecuentes estos eventos que por la falta de preparación se convierten en desastres, sino que van a ser más fuertes. El Índice de Adaptación Global de Notre Dame (ND-GAIN) revela que Centroamérica y en particular Honduras están muy retrasados en términos de este tipo de procesos, es decir, falta alerta temprana, capacidad de evacuación, y allí es lo que llamo la doble vulnerabilidad; la vulnerabilidad social, donde la gente por una parte vive en casuchas, sin techos, sin protección, y de las condiciones ambientales adversas, donde las ciudades empiezan a crecer hacia los cerros y cada vez se deforesta más.

Espero que entre México y Honduras, Guatemala y El Salvador tengamos más capacidad de colaborar, y esto implica que nuestros Gobiernos tendrían que abrirse mutuamente para ver los problemas y con apoyo de los acuerdos en Estados Unidos, aprender a tener un sistema de alerta temprana.

Las potencias cuentan con los recursos que de alguna forma deben destinarse para estos compromisos ambientales, pero en el caso de CA ¿resultan metas muy ambiciosas?

Estamos tocando un tema muy complejo que se llama justicia social. Aquí está el reto de EE UU y que a lo mejor nos va a repercutir, porque la idea es invertir en Centroamérica más de $4,000 millones para el desarrollo, porque no es mediante ejércitos y muros que podemos resolver los problemas, sino mediante un desarrollo sustentable donde precisamente los jóvenes encuentren posibilidades de tener un ingreso decente y una vida preciosa y no tengan que emigrar.

Aunque más de una decena de países se volcaron con cooperación durante la emergencia derivada por Eta y Iota, la tragedia pasó prácticamente desapercibida ante el mundo, ¿influyó la pandemia, que la cantidad de muertes fue inferior a otros desastres o que Centroamérica no interesa?

Es una realidad muy amarga: no les interesamos a nadie y allí estamos unos pobres países y por eso hay que empezar a valernos por nosotros mismos. El Mitch fue todo un problema gigantesco y por lo tanto a nivel mundial hasta hubo un permiso para emigrar a Estados Unidos. Esta vez afortunadamente no hubo los grandes deslizamientos y por lo tanto las muertes fueron mucho menores, pero es un fenómeno global. Si comparas Bangladés, que en sus primeros huracanes hubo hasta 400,000 muertos, y ahorita a lo mejor llega a una docena, también les pasa lo mismo en otras partes del mundo. Allí viene el tema crucial, hay que ser resilientes, porque los desastres van a venir y el punto es cómo nos adaptamos y cómo aprendemos a sobrevivir en condiciones más adversas, y dónde está nuestra capacidad de resiliencia para que nuestra vida y nuestros hogares no se vayan a perder en uno de estos eventos, y esto se llama manejo integral de los desastres.

La Prensa