La abrumadora votación de las pasadas elecciones evidencia que los hondureños tenemos conciencia que los enormes desafíos del país no se pueden enfrentar sin antes combatir la corrupción. Ha sido, como coinciden todos los sectores, una verdadera demostración de civismo que fortalece nuestra democracia, un mensaje contundente y claro para el mundo y para las nuevas autoridades que enfrentarán esos retos difíciles, aumentados por la pandemia y la destrucción que dejaron los huracanes del año pasado. Porque no será fácil para el nuevo Gobierno de la futura presidenta Xiomara Castro, electa no solo con el voto de su partido Libertad y Refundación (Libre), sino con los seguidores del Partido Salvador de Honduras, de liberales en oposición, de indecisos y hasta de nacionalistas frustrados con la gobernanza de su propio partido castigado por el desgaste de doce años en el poder y múltiples denuncias.

La fórmula presidencial de la alianza, que salió victoriosa en los comicios, tendrá, para comenzar, grandes problemas para financiar el presupuesto nacional de 2022 —que rondará los 313,433 millones de lempiras—, con una deuda externa pública y privada que supera los 11,000 millones de dólares y una pobreza que ronda entre el 74 al 80% de los hondureños, un 54% en pobreza extrema y con un crecimiento económico que no se refleja en la vida de la mayoría. La nueva administración debe también enfrentar los números rojos de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee), que sigue en crisis financiera.

Debe atraer más inversión extranjera y hacer crecer la nacional; trabajar por lograr un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) definiendo políticas públicas enfocadas en resolver los problemas financieros. De ahí que es vital mejorar la credibilidad del país, trabajar en la impartición de justicia, en programas y estrategias para combatir la impunidad, inequidad y corrupción; hacer frente a los altos niveles de violencia y falta de acceso a derechos económicos, sociales y culturales. Solo así vamos a superarnos como nación, a crear más fuentes de trabajo.

Para librar estos desafíos hay que generar confianza, aunar esfuerzos, echar mano a las fortalezas que sabemos que tenemos en el país, como el entusiasmo de su gente evidenciado en estas votaciones, el creciente sector de los emprendedores y el potencial de su industria gracias a su ubicación estratégica que aumenta las oportunidades de fortalecer y diversificar sus exportaciones. Entender que nada de esto será posible si no hay diálogo y habilidad para construir esa agenda común con visión de país, sólida y a largo plazo.