No acabamos de entender el alto número de hondureños renuentes a vacunarse, pese a las explicaciones diarias del personal médico sobre la causa de la enfermedad en numerosos pacientes y el efecto inmediato que los ubica entre la vida y la muerte. ¿Trágico? El noventa por ciento en quien se detecta el virus no han recibido ninguna dosis de inmunización, lo cual evidencia el altísimo riesgo también para familiares, amigos o compañeros de labores.

La otra cara de la moneda que se puede presentar como absurda, pero muy real, es el vencimiento de vacunas antes de que finalice el año. Lo que en principio creó un ambiente casi de desesperación con numerosos viajeros al exterior para ponerse el “pinchazo”, hoy ha pasado al otro extremo y, como dirían en el pueblo, “hay hasta para tirar para arriba” y las que vengan, y no es que sean tantas, sino que no se aplican.

Como en otros muchos asuntos, cada uno dará su versión, pero lo racional es hallar y aplicar las estrategias necesarias para que no caduque una sola dosis. En estos últimos días se ha visto más actividad en el personal de Salud con desplazamientos a lugares de afluencia de la población.

No están las cosas para dar la espalda, para andar todavía creyendo en cuentos de hadas presentados en las redes o mensajes de terror.

Hay que vacunarse, y no solo la primera dosis, porque “pasaba por ahí o estaba ahí”, sino porque va en ello en muchos casos la vida o secuelas perdurables. Según los últimos datos oficiales, las víctimas mortales ascienden a 10,000 y los contagiados pronto llegarán a los 400,000.

Y son cifras oficiales, las reales son otras que, seguramente, no se conocerán.

Desde la Secretaría de Salud dieron a conocer que el 30 de noviembre vence un lote de AstraZeneca y el segundo con las doce campanadas del fin de año. Pfizer presenta el mismo calendario.

La vacuna rusa, que tanto dolor de cabeza originó por la tardanza, también vence el último día de diciembre. Lo curioso y débilmente explicable es el escaso número de personas que han llegado a recibir la segunda dosis de Sputnik-V, unas 200, para tres mil dosis disponibles.

“Es un pecado tirar la comida”, enseñaban en casa. Haciendo alusión al refrán habrá que decir que es “un pecado y un crimen” dejar vencer las vacunas, por ello que no se pierda una sola vacuna, enfilemos con decisión hacia la tercera dosis.