18/07/2024
05:35 PM

Teléfono de la Esperanza

    Mientras haya esperanza habrá vida, es el lema clásico al revés, pues desde siempre nos enseñaron que mientras haya vida hay esperanza, lo cual ha alentado y fortalecido los esfuerzos para superar dificultades y enfermedades en ruta muchas veces desesperadas por hallar soluciones. Muchas son las dolencias y enfermedades a las que la ciencia médica sigue tratando de responder eficazmente, pero existe otro mundo silencioso, muy personal, en el que la dolencia no encuadra en patologías tradicionales.

    Son ya casi dos décadas en las que el Teléfono de la Esperanza se ha convertido en el “oído” que puede y sabe escuchar esas llamadas en crisis y ayudar a prevenir problemas emocionales. La atención, sabia en el primer paso de escucha, se convierte en sano consejo de aceptación y de valoración personal para enfrentar la enfermedad mental que aísla y genera hábitos del negativismo que pueden terminar en la muerte. Los problemas familiares, económicos y sociales, ligados a la pobreza, desempleo e inseguridad, marcan la antesala de la violencia y el suicidio. Un consejo a tiempo, una conversación amistosa, aunque sea la primera y un firme propósito de aceptar y seguir el camino trazado en común pueden significar el viraje no solo emocional sino vital de las personas que marcan el 150 en búsqueda de esperanza que es vida.

    En nuestro país hay tres centros de esperanza efectiva y acumulada con atención inmediata a las llamadas que en un promedio de 20 diarias evidencian la necesidad de hablar, desahogarse y recibir consejo de muchos hondureños que se sujetan fuertemente a la beneficiosa tabla de salvación transformada en voz sin distancia desde el otro lado de la línea. San Pedro Sula, La Ceiba y Tegucigalpa disponen de línea a través de las que cerca de 40 personas atienden las llamadas y se hallan capacitadas para sembrar, cuidar y cultivar la esperanza en la vida desesperada de quien llama pidiendo ayuda.

    Las personas de 35 a 45 años son las más numerosas en las llamadas. Han experimentado no muy favorablemente el ingreso en el mundo laboral, la integración de su propia familia y el alejamiento de aquellas personas de sus años juveniles. Todo ello contribuye a la aparición de un túnel con necesidad de ayuda profesional para poder salir de los problemas que van minando con rapidez la estabilidad emocional. Los años de las ilusiones se esfuman sin los logros soñados. Al contrario la multiplicación y agravamiento de problemas muestran la crueldad en la existencia para la cual no se hallaban preparados con desgastes internos a diario, secuelas cada vez más graves si no se escucha la voz amiga de “tú puedes”, “adelante” en el Teléfono de la Esperanza.