Se dice que en los momentos de crisis, de dificultades, es cuando se conoce el material de qué estamos hechas las personas. Porque, ante la desgracia ajena, podemos asumir una actitud de indiferencia, volver a ver en otra dirección e ignorar lo que le sucede al otro. Los hondureños, sin embargo, hemos demostrado, una y otra vez, que cuando nuestros hermanos se ven enfrentados a la furia de la naturaleza, como hace menos de un año sucedió con el paso de las tormentas Eta y Iota, o al fuego fuera de control como acaba de pasar en Guanaja, corremos, diligentemente, en auxilio de aquellos que nos necesitan.

En unos días como estos, en los que estábamos esperando pasarla bien, tratando de desconectarnos de la rutina laboral para descansar, la noticia del incendio en esta porción del departamento insular ha provocado en el resto de la población una inmediata reacción de solidaridad que, desde el mismo día en el que las llamas consumieron alrededor de cien hogares, ha llegado a la isla todo tipo de ayuda procedente del Gobierno, de la empresa privada y de ciudadanos anónimos que han buscado la forma de mitigar las penas que están atravesando más de dos mil compatriotas.

La reconstrucción de, prácticamente, la mitad de Guanaja no se podrá hacer de un día para otro. Habrá, en primer lugar, que llevar a cabo una concienzuda labor de limpieza; luego, habrá que reconstruir, desde los cimientos, todas las casas consumidas por el fuego. Y esa reconstrucción deberá, en la medida de lo posible, hacerse de manera que se elimine la posibilidad de una nueva catástrofe similar. La inversión será grande, pero necesaria, y no podrá ser asumida totalmente por los habitantes locales porque no cuentan con los medios para hacerlo. De modo que, la ayuda para Guanaja deberá sostenerse a mediano y, quizá, largo plazo; durante varias semanas o meses. Para los habitantes de tierra firme, sobre todo para los del interior del país, las Islas de la Bahía, aunque están a pocos kilómetros de la costa atlántica, parecieran estar lejos, y es hasta que se dan situaciones como esta es que recordamos que son tan parte de Honduras como Intibucá, Choluteca u Olancho, y que, por lo mismo, con los isleños nos unen unos lazos de hermandad indisolubles, que deben estrecharse cuando la desgracia nos acecha.

Así que, mostrando el mejor material del que estamos hechos, continuemos ayudando a nuestros hermanos de Guanaja para que puedan retomar su vida viendo hacia el futuro con optimismo.