29/09/2022
11:33 PM

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Sabiduría popular

    “Despacio que llevo prisa” es el consejo de la sabiduría popular que no oyen en las alturas, pues es práctica habitual apegarse a las emergencias más “beneficiosas” en el uso de los recursos públicos.

    Muchos años después en aquellos días, en estos mismos de septiembre, casi medio siglo, el huracán Fifí hacía estragos en el valle de Sula. Y entonces, como hoy, los observadores, funcionarios, las poblaciones, con el temor de la tragedia dirigían las miradas hacia las cuencas media y alta de dos grandes ríos, el Ulúa y el Chamelecón.

    El refrán recomienda no apresurarse, sino hacer las cosas bien. En nuestro caso es que, tras el anuncio de la urgente necesidad, expresado ayer y hoy, no se da otro paso, sino que se congela en aquello de que para evitar las inundaciones es necesario, con necesidad como diría Cantinflas, regular la llegada de las aguas al valle con represas que pueden proporcionar energía, agua para las poblaciones y el riego.

    Las zonas de riesgo con el calificativo de sujetas a evacuaciones son numerosas. Las mismas de siempre con el agravamiento de que se hallan más expuestas, pues la defensa de los bordos es tan débil que las filtraciones han llegado a colonias de San Manuel, El Progreso y otras poblaciones cuyos habitantes saben que la tierra acumulada tras las últimas tormentas tropicales no ha compactado.

    No es que demandemos apresuramiento, que comiencen las filas de volquetas a llevar material de aquí para allá para cerrar un hueco mientras se abre otro, sino que no se archive el problema como ha ocurrido en medio siglo, porque “las prisas no son buenas” y por eso también recordamos otro dicho popular semejante, “sin prisa, pero sin pausa”.

    La alerta amarilla más que color es el trágico recuerdo de aquellos nefastos días y el desafío de volver a empezar.

    En círculos oficiales cuando se echan cuentas siguen los cuentos y sobre las represas en las cuencas de los ríos Ulúa y Chamelecón ya se ha dado este proceso con la identificación incluso de millones para los proyectos, pero nada más.

    ¿Vuelta a lo mismo?

    Nos tememos que sí, por aquello del presupuesto base cero, por la montaña de urgentes necesidades y por la precaria situación de las finanzas empujando las deudas a límites insoportables.

    El mejoramiento en las tareas administrativas y el destino de los recursos para necesidades más urgentes no genera confianza en la ciudadanía que observa cómo el gran proveedor de empleos incrementa el gasto mientras la proclamada inversión social da cortos y tímidos pasos por el elevado déficit en las cuentas públicas y la carencia de hábitos de ahorro.